Belgrano debe recuperar estabilidad futbolística
La silbatina que recibió Leonardo Madelón cuando "la voz del estadio" del Kempes lo nombró el sábado antes del partido con Colón, mientras daba la formación de Belgrano, fue el anticipo de un adiós anunciado. Como nunca, el público de Belgrano dio un veredicto que, en el momento en que el Sabalero se puso 0-1, se hizo mucho más evidente con la canción, lapidaria para el DT, que con bronca entonó la mayoría de los 25 mil piratas que fueron al estadio.
Madelón jugaba un minuto a minuto para sostenerse en el banco de Belgrano y para no pasar a engrosar la lista de entrenadores que, antes y después de Ricardo Zielinski, marcan la “inestabilidad técnica” que padeció la “B” desde que Armando Pérez llegó al club de Alberdi en 2005.
La caída del sábado pasado fue el empujón final para un DT que nunca entró en la piel de los simpatizantes, pero que además hizo lo suficiente como para que la seducción no prosperara. Como sucedió en 2016 durante la última etapa de la era Zielinski y se reiteró durante casi toda la breve experiencia de Esteban González al frente del plantel, en el ciclo Madelón la “B” siguió jugando mal. Sin embargo, el DT saliente expuso más su frágil situación borrando a jugadores sin dar explicaciones públicas (quizá se hubieran comprendido algunas de sus decisiones), poniendo a futbolistas en puestos inéditos, bancando a algunos pese a su pobre nivel, realizando cambios inexplicables, mostrando reacción nula en situaciones límites y haciendo uso de una verborragia (“Tinelli me dijo..”, “no hicimos un papelón ante River..”, “era el golpe mediático...”) que poco favor le hizo. A eso hay que sumarle que los resultados que necesitaba para sostenerse le fueron adversos, a veces de manera inmerecida.
A Madelón se le hizo imposible cambiar el derrotero, pero está lejos de ser el único responsable, más si se tiene en cuenta que asumió con un plantel armado, que hay futbolistas (entre ellos varios juveniles) a los cuales se les dieron chances y no las aprovecharon (con Zielinski, con González y con Madelón) y otros que sorprenden por el paupérrimo presente que atraviesan, casi inadmisible para un jugador de Primera.
En la “B”, los desaciertos dirigenciales, de técnicos y del plantel, llevaron al equipo a un lugar incómodo. Habrá que ver si entre todos pueden enderezar el rumbo o si se acentúa la inestabilidad.