Bauza y el desafío de hacer jugar a Argentina como equipo
Los desafíos que le esperan al nuevo entrenador de la selección argentina de fútbol, que contará con Messi en el plantel.
Edgardo Bauza recibió el sí de Lionel Messi en Barcelona y espero a que "La Pulga" comunicara su decisión para dar la lista de jugadores que enfrentarán a Uruguay y a Venezuela, el 1º y el 6 de septiembre, en las dos próximas fechas de las eliminatorias sudamericanas.
Así, Bauza recibió el segundo gran regalo de la semana, tras la decisión de Armando Pérez de nombrarlo entrenador de la selección nacional.
En sus recientes días de intensa, irregular y supervisada gestión en San Pablo, nunca pensó recibir en pleno invierno semejante abrigo.
“El Patón” empezó con el pie derecho al contar con el cimiento (al que se agrega Javier Mascherano) desde el cual edificará su propia estructura. Sencillo y directo, sensible con el jugador, sabe que deberá levantar de los hombros a un grupo golpeado en su ánimo y que tendrá que cachetearlo lo suficiente como para despabilarlo y ponerlo nuevamente en escena.
No será fácil, pero tendrá una gran ayuda. El principal protagonista estará de su lado.
El ex DT de rosario central puso su pulgar en el papel al llamar a Alario y a Pratto.
Aún antes de la decisión de Messi, el entrenador había dado algunas señales sobre sus preferencias. Reincorporó a Martín Demichelis, ya en período de ostracismo para muchos; avaló la historia como goleador de Gonzalo Higuaín, aunque los avatares que debió pasar “Pipita” en su transferencia a Juventus hayan sido la causa de su ausencia.
Y consideró innecesario zarandear de golpe a un plantel, al considerar meritoria su actuación en las dos últimas Copa América.
Sin embargo, lejos de “casarse” con quienes han sido sistemáticamente convocados de un buen tiempo a esta parte, Bauza puso su pulgar en el papel al llamar para viajar a Mendoza y a Mérida al riverplatense Lucas Alario y al “Gaucho” (de Atlético Mineiro) Lucas Pratto.
Todo esto ha sido el inevitable entremés para el ex zaguero central de Rosario Central. Y una parte de la luna de miel que sin sobresaltos pasará junto a los hinchas hasta que la pelota comience a rodar en el estadio Malvinas Argentinas de la capital cuyana.
¿Allí se empezará a ver su estilo? ¿Habrá algún cambio posicional de jugadores en el campo? ¿Le dará pasto a quienes lo consideran un técnico “defensivo” o potenciará aún más las cualidades de Messi con una correcta disposición de compañeros a su alrededor?
Sin conocer personalmente a la mayoría de sus elegidos, en dos entrenamientos antes de Uruguay y en otros dos, antes de Venezuela, no podrá hacer milagros. En esos casos de apuro y de exigencia ilimitada, como cada vez que juega la selección argentina, un buen lavado de cabeza, una buena inyección de optimismo para levantar la autoestima es un recurso de emergencia para sortear las circunstancias y en muchos casos con resultados positivos.
Deberá resolver un gran detalle no resuelto por todos sus antecesores: darle solidez al equipo.
Bauza sabe que de entrada jugará contra Uruguay, uno de los líderes junto a Ecuador (13 puntos) y que las 11 unidades en la gestión de Gerardo Martino podrían tener la solidez de un flan ante una derrota. Las cercanías de Colombia y de Chile (10 puntos) amenazan su estadía en la zona de clasificación y sumado a esto, la Venezuela de la Copa América Centenario lució bastante mejorada con respecto a sus pobres performances en el camino a Rusia 2018.
El desafío del doble campeón de la Copa Libertadores de América (con Liga Deportiva de Quito y San Lorenzo) es enorme.
Además de ir consolidando a Argentina como clasificado al próximo mundial, deberá resolver un gran detalle no resuelto por todos sus antecesores, de Diego Maradona a Martino: darle solidez a un equipo que no muchas veces ha actuado como tal, con premisas colectivas en los que la solidaridad con el grupo no ha sido muy frecuente.
“Todos tienen la obligación de atacar pero todos tienen la de defender”, lo ha manifestado Bauza con énfasis. Sin pretender ver a Messi correr incansablemente a sus adversarios, acciones individuales en la búsqueda del bien común, se transforman en gestos imprescindibles que en partidos decisivos resuelven un resultado.
Como se dijo: El gran desafío de Bauza es ponerlo en práctica. Y que sus dirigidos estén convencidos de hacerlo.