Ascensos y clásicos para todos
Si en el fútbol la última imagen es la que queda, Julio Humberto Grondona tratará de probarlo en 2015, el año final de su gestión como titular de la AFA, tras haber asumido en 1979. Las frases "todo pasa" y "si no pagás, descendés" no serán opciones para el tramo despedida, sino que serán reemplazadas por la fórmula "megacampeonato, ascensos y clásicos para todos y con visitantes". El famoso pan y circo. Y que el árbol tape el bosque.
Se allanarán los caminos para que se recuperen clásicos históricos como Racing-Independiente, San Lorenzo-Huracán, y los que puede haber con el resto de los grandes, y que se limpie el camino para la recuperación de otros imperdibles choques metropolitanos o del interior. Algunos en la misma Primera o en la B Nacional. Que más tarde o más temprano, vuelvan Belgrano-Talleres, Colón-Unión y San Martín-Atlético Tucumán, por caso, y que se sumen a Newell's-Rosario Central o que vuelvan a escena otros cruces como Banfield-Lanús, o Chacarita-Nueva Chicago, por caso. Ah, y sin restricciones para los visitantes (¿o el problema eran las internas de las barras locales?), como sucederá en la temporada siguiente, al menos en Capital Federal, según expresó el Gobierno, socio de la AFA en la televisación de los partidos con Fútbol para Todos.
Un parche en lugar de soluciones de fondo que se necesitan para cambiar el gobierno de la urgencia del "sólo sirve el que gana", que mina nuestro fútbol. Lo que hace que la forma no importe. Que dé lo mismo el que proyecta para ganar que el que hipoteca el club para lograr un resultado; que sea igual el que está al día (Belgrano, por caso) con el que debe cientos de millones, con el que debe fortunas (todos los denominados grandes). Que cambiar equipos todos los años sin tener con qué importe igual que el que gasta lo que tiene y que compensa planteles con los propios que forma para luego poder venderlos. La misma locura que hace que los jugadores no razonen los partidos y que no se respeten; que los DT se vayan si pierden dos partidos; y a un equipo lo dirijan cuatro técnicos por año; que el bajo nivel de los jueces crezca como las sospechas sobre ellos (Collado ratificó el soborno a un asistente suyo después de varios años). Pobre de aquel que creyó que Don Julio se despediría atacando a la violencia (bueno, ahora la culpa también es de la Policía del Estado-socio) y mejorando un fútbol que supo llevarlo a los primeros planos internacionales por el juego de su torneo y la seriedad de la selección. El OK fue general. Como siempre.

