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Ascendió Talleres: para nunca más volver

Campeón del Federal A. La “T” ganó en Formosa y ascendió. “Se terminó, al fin se terminó”, fue la frase de alivio que dijeron los hinchas albiazules cuando se consiguió el objetivo.

28 de octubre de 2015 a las 08:17 a. m.
Ascendió Talleres: para nunca más volver
El gol más gritado. Victorio Ramis estaba en el lugar indicado para convertir el tanto que valió un ascenso. // Foto: Ramiro Pereyra, enviado especial a Formosa

Al fin se terminó. La sexta temporada de Talleres en el ahora Torneo Federal A, antes Argentino A, ya es historia. Ayer, a las 18, volvió, en uno de los tantos contextos geográficos extraños e imprevisibles que le tocó desandar, a ser integrante de la B Nacional. Es de la segunda categoría del fútbol argentino, esa que sólo pudo transitar una temporada a mediados de 2013, desde que en 2009 le tocó morder el polvo del descenso a la tercera división. Se acabó. Ahora todo el Mundo Talleres espera que esta vez sea la última.Regresó y lo hizo con un mar­co a lo Talleres. Más de cuatro mil hinchas matadores viajaron a Formosa un martes, en pleno horario laboral, a 1.050 kilómetros de Córdoba, y lo hicieron sentir, nuevamente, como si el equipo jugara de local.

Lo de la hinchada de la “T” ya no puede ser explicado como una cuestión futbolística: es un fenómeno digno de análisis sociológico. No era Sunchales, Chivilcoy o Villa Ramallo: era Formosa, en un extremo del país, al lado de Paraguay, muy lejos de casa. Y allá estuvieron otra vez. Desde Comodoro Rivadavia vinieron sus hinchas a ver el ascenso.

En autos, ómnibus, avión o en bicicleta, como Martín Sánchez. Todos unidos por ese magnetismo que ejercen los colores azul y blanco, y que sólo pueden entender tipos como “el Colorado” Battán y Enrique Cejas, infaltables en cualquier lugar donde Talleres juegue.

Los formoseños que fueron al coqueto y nuevo estadio de Sol de América, y que veían bajar como hormigas a los hinchas albiazules, primero hacia el centro formoseño y luego hacia la cancha, no entendían nada. Es que nunca habían presenciado semejante invasión de gente para un partido de fútbol, salvo cuando jugaron Boca y River. Y toda esa gente se vino de cualquier lugar del país, sin la seguridad de que podría entrar.

Y el premio a ese esfuerzo fue el mayor. Talleres ganó y nada de partido de desempate con Defensores de Belgrano. “Se terminó, se terminó, al fin se terminó”, fue la frase más escuchada cuando ya todo el plantel de Talleres festejaba eufóricamente el ascenso. Un ascenso de 31 finales, en un torneo tortuoso, duro, imprevisible, con algunas canchas impresentables.

Pero después de la frustración del año de pasado, las cosas se hicieron bien. Y cuando las cosas se hacen bien, también los resultados son acordes.Pero, hincha matador, vos lo sabés mejor que nadie. Esta es una alegría enorme, pero no deja de ser sólo un punto de partida. Ojalá que lo mejor esté por venir y que el "nunca más", sea, definitivamente, "nunca más".

Burgos, el símbolo

Rodrigo Burgos fue el símbolo del ascenso de Talleres. El paraguayo se ganó el afecto y el cariño de la gente por su per­manente entrega para recuperar la pelota y por poner esa gota de sudor de más que siempre se necesita. Cuando terminó el partido, la gente lo ovacionó y empezó a cantarle: "Olé, olé, Burgos, Burgos". El volante central se arrodilló, besó el campo de juego y levantó sus brazos al cielo, porque es muy creyente (de la virgen Caacupé de Pa­raguay).

En plano festejo, Burgos aseguró sentirse “feliz, por el cariño de la gente y por todo lo que Talleres me ha dado en estos 10 meses”. “Y todavía espero darle más”, agregó. La respuesta obligó a la repregunta: ¿Te vas a quedar? Y respondió: “Por supuesto. Talleres es la prioridad. Acabo de jugar el partido más importante de mi carrera como futbolista y al lado de mi país. Rodeado de voces guaraníes”.

Burgos también le dedicó el ascenso “a la mayoría de la hinchada que no pudo venir y tuvo que quedarse en Córdoba”.