Armando la AFA, sin los libretistas del caos
“Si no pagás, te vas al descenso”, decía Grondona, aunque nunca se cumplió. ¿Podrá Pérez?
Armando Pérez comenzó su tarea como presidente normalizador de la AFA como si fuera su Belgrano: abrirá el juego, lo justo y lo necesario, y si lo cree conveniente, no lo hará. Puede ser tan personalista como ejecutivo, pero lo que no necesita esta AFA, y menos Pérez, es el aporte de algunos libretistas que pretenden seguir escribiendo con la pluma del caos una de las peores páginas de la historia del ente rector del fútbol argentino. Sino la peor. En sus primeros temas de agenda, léase entrevistas con los candidatos a DT de la selección o tratar de convencer a Messi y ver quiénes son sus mejores interlocutores, Pérez anticipó que consultaría a quienes hicieron algo por la causa nacional como César Luis Menotti o Carlos Bilardo, de acuerdo a los que nombró.
Viendo que no citaba la palabra “dirigente”, comenzaron a alzarse algunas voces, desprovistas de la mínima autoridad, para comenzar un frente “anti-Pérez”. Intentaron hacerle un guion sobre cómo debía manejarse en los temas mencionados. Es más, le indicaron que debía agilizar el cobro de los documentos de TV de FPT para poder arrancar el torneo de Primera y de la B.
En el amanecer de un nuevo orden, fue increíble que el presidente de Los Andes, Oscar Ferreyra, dijera: “La AFA sigue dando pasos hacia el precipicio. Tenemos un presidente de Comisión Regularizadora que da vergüenza ajena y que no fue elegido por el resto de los dirigentes. Había que apoyarlo, pero lo primero que tiene que normalizar, antes que la selección, es que la gente que trabaja en los clubes pueda cobrar”. O que Gabriel Fernández, vice de Deportivo Español, diga que “a la noche no está en sus mejores condiciones”.
Pérez sabía que iba a recibir críticas por no sentar a su mesa a aquellos que le levantaron la mano a Julio Grondona (el presidente de Belgrano, al menos, chistó) y que cuando partió, se la pasaron peleando dos años con gran incapacidad para lograr una política de salvataje. Sólo les preocupaba aumentar los ingresos por la TV.
Crearon una Superliga y el resto la vetó, pero ellos fundieron el fútbol y a casi todos los clubes, que perdieron hasta la posibilidad de hacer una elección digna. La del empate 38 a 38 con 75 asambleístas. Pérez quizá se imaginó a los Tinelli (eran amigos) o a los Tapia dándole con un caño. A los libretistas titulares, no a los suplentes.
Como sea, a esos, no los necesita. Los clubes deberán aprender que la fiesta hay que pagarla y que supeditar sus economías a los fondos de la TV es una política que ya no existe. “Si no pagás, te vas al descenso”, decía Don Julio, aunque nunca se cumplió. ¿Podrá hacerlo Pérez?
