Argentina, sin aprendizajes pese a las repetidas frustraciones
Argentina acumula una larga lista de sinsabores que comenzó en el Mundial de Estados Unidos ’94. La selección no gana nada importante desde que fue campeón de América en Ecuador 1993, hace 18 años. Luego, lo que más creció fue el desprestigio.
Las imágenes de las derrotas se repiten sin interrupción desde 1993 con una sucesión que abruma y en la que sólo cambian los actores. Desde aquella emblemática salida de Diego Maradona acompañado por la enfermera rumbo al control antidoping, que marcó el comienzo del fin en el Mundial 1994, las decepciones les ganan por goleada a las alegrías en la selección argentina.Un año antes, en la Copa América de Ecuador 1993, había llegado el que sería el último título de Argentina. Con Alfio Basile como DT, el seleccionado había retenido el título logrado en Chile '91. Pasaron 18 años. Desde ese momento, nada fue como era entonces y sólo se festejaron las medallas olímpicas de oro en 2004 y 2008. Aquella salida sonriente de Diego rumbo a su suspensión en el '94 inauguró la seguidilla de fotos difíciles de borrar de la historia reciente de una selección que sólo sumó frustraciones, algunas traducidas en fracasos estrepitosos.
Entre otras, surgen las imágenes del gol del holandés Bergkamp, que nos eliminó del Mundial '98; el llanto de Batistuta, tras el 1-1 con Suecia en Corea-Japón 2002; el gol de Adriano, que forzó los penales en la final de la Copa América de 2004 ganada por Brasil; Messi sentado en el banco en el Olímpico de Berlín, mientras Alemania nos mandaba a casa en los penales en 2006; la goleada 3-0 de los brasileños en la final de la Copa 2007, en la cual la Albiceleste había jugado un buen torneo; la paliza que el año pasado nos dieron los alemanes con el humillante 4-0 en Ciudad del Cabo y los gestos de antenoche en Santa Fe.En estos años se sucedieron Alfio Basile (1991/94), Daniel Passarella (1994/98), Marcelo Bielsa (1998/2004), José Pekerman (2004/2006), Alfio Basile (2006/08), Diego Maradona (2008/10) y Sergio Batista (2010/¿?).
Ninguno de estos ciclos fue interrumpido por decisión de la AFA, lease de su presidente Julio Grondona. Los cambios de seleccionadores llegaron porque se terminaban los contratos o, como en el caso de Bielsa, Basile (la segunda vez) y Maradona, por decisiones propias inducidas por un contexto desfavorable en las condiciones de trabajo o del grupo.Es difícil encontrar denominadores comunes en estos técnicos, más allá del protagonismo en la cancha declamado en sus discursos y el hecho de que algunos de ellos tuvieran más apego a la planificación. Pero está claro que desde la salida de Pekerman todo empeoró y no tan sólo en la selección mayor, sino también en las menores.
El nombramiento de Basile fue la segunda oportunidad para el experimentado DT, pero "el Coco" renunció en 2006 sin explicación alguna, ni siquiera aquella "me quedé sin energías" que expresó Bielsa en 2004. Ni hablar de la llegada de Maradona, una designación basada sólo en el carisma, pero sin otro sustento. Y cuando el ciclo del "10" concluyó minado por las trabas de Grondona, se confió en Batista, a quien casi todo el mundo del fútbol miró con desconfianza, que se acrecentó luego de esta eliminación en cuartos de la Copa América.Hay varios responsables en esta constante pérdida de prestigio, comenzando por Grondona, siguiendo por los DT y terminando por los jugadores, que sólo en contadas ocasiones repiten las actuaciones que cumplen en sus clubes. Las falencias aumentan: entre tantas, ningún conductor da en la tecla para manejar semejantes figuras; se destruye lo poco que se logra construir; no existe patrón de juego; domina la improvisación y hay cero autocrítica y menos debate. Así, seguimos a la deriva. Y no sólo nos acostumbramos al fracaso; lo que es peor, nada aprendemos de ellos.