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Almeyda íntimo

En un desafío inédito, el volante volvió a jugar en River tras una larga inactividad. Habló de todo con Mundo D.

03 de diciembre de 2009 a las 12:20 a. m.
Daniel Guiñazú (especial desde Buenos Aires)
Almeyda íntimo
Almeyda volvió a River recomendado por Enzo Francescoli. (Foto: Archivo / La Voz del Interior)

Nadie hizo en el fútbol argentino lo que está haciendo Matías Almeyda. Después de dos años de plácido retiro matizados con algunas incursiones en el showbol o el Súper 8, un día decidió volver a la acción. Y no eligió un equipo de ascenso para pasar el rato y estirar las piernas.

Almeyda volvió asumiendo los mayores riesgos de su carrera: se calzó la camiseta número "5" de River en uno de los peores momentos millonarios de los últimos 25 años. ¿Un ejemplo para los más jóvenes? ¿Una apuesta de uso personal? ¿Un oscuro deseo de revancha? Esta es su historia.

- Yo me retiré en Quilmes, pero pocos se acuerdan de que en 2007 estuve jugando dos meses en Noruega. En verdad, me retiré porque me habían cansado muchas cosas del fútbol y del ambiente y llegó un momento en el que entrar a la cancha no me hacía feliz. Además había nacido mi segunda hija, y quería hacer una vida de familia. Pero cuando volví a la Argentina, me di cuenta de que estaba lejos de vivir como había vivido en Europa y entré en un pozo depresivo del que me costó mucho tiempo salir. Es más, hoy mismo sigo yendo al psicólogo, pero ahora estoy mejor. Se me ha abierto la cabeza un montón, les doy otro valor a las cosas.

– ¿Cómo es estar deprimido?– ¡Uf!, es una enfermedad muy fea, no se la deseo a nadie. Es estar tirado en una cama a oscuras sin ganas de hacer nada ni de hablar ni de ver a nadie, ni siquiera a mi esposa y a mis hijas. Estuve cuatro años sin poder ser feliz. Lo único que quería era dormir y estar encerrado.

–¿El fútbol te tiró un lazo para salir del pozo?–Cuando empecé a sentirme un poco mejor, me llamó Diego (Maradona) y me propuso que lo acompañe a jugar al showbol. Y ahí fue cuando mis amigos me dijeron que por qué no volvía. Veían que yo estaba sufriendo el hecho de no jugar. El bichito me empezó a picar, pero tenía dudas de no poder responder a la exigencia. Después, "el Beto" Acosta me llevó a Fénix a jugar Primera C y no me fue bien: de tres partidos que jugué, me expulsaron en dos. Creí que era el final definitivo, pero los muchachos (Germán Burgos, Sergio Goycochea, Gabriel Cedrés, Gabriel Amato, Jorge Borelli) me convencieron de que no largara, de que todavía tenía mucho hilo en el carretel…

– ... y entonces te decidiste a jugar el Súper 8 de los equipos grandes por televisión…–Era riesgoso porque se jugaba en cancha grande y televisado en vivo a todo el país, pero las cosas me salieron bien y, luego del partido con Boca, me vieron Enzo (Francescoli) y Jorge Villazán y me motivaron para que vuelva a River. Enzo habló con "Pipo" Gorosito, me probaron, y quedé, el físico me respondió. Yo ahora siento que estoy en mi casa y que River y el fútbol les están haciendo bien a mi salud y a mi mente. Estoy disfrutando mucho este momento.

– Los años del retiro, ¿fueron un descanso o un tormento para vos?– Al principio, fueron un descanso. Me pesaban mucho las presiones, el tener que ganar siempre, que se dramaticen tanto las derrotas, que perdieras un partido y te trataran como un delincuente. Después, se me hizo muy pesado no hacer nada en todo el día. Toda tu vida te preparan para el próximo partido. Pero nadie te prepara para el retiro. Nadie le dice al jugador que estudie, que aprenda un idioma, que tenga una salida laboral  porque no todos terminan bien económicamente. Nosotros no estamos acostumbrados a manejar la plata que ganamos. El 90 por ciento no tiene una carrera terminada. Una cosa es venir de abajo y llegar rápido arriba, pero volver abajo cuando ya tenés familia e hijos es muy duro, lo puedo asegurar.

– ¿Sos muy creyente? Siempre hablás de Dios…– Creo mucho en Dios, soy un hombre de fe. Sin fe, no podría vivir. Rezo mucho. En mi casa, pido por la Argentina, por la gente, por la salud y la paz de mi familia. En el vestuario, pido por mí y por los muchachos, que nadie termine lesionado, y por que ganemos, obvio, pero últimamente parece que mucho no me está escuchando…