Algo más que la foto que no pudimos colgar
La lluvia salpicaba de soledad la incipiente madrugada que siguió al domingo de la final perdida, y mientras la Redacción se apagaba en silencio, quedaba en pie la última certeza del día: había que entregarse a los brazos del lunes, no tenía demasiado sentido resistirse. Pero, ¿cómo íbamos a afrontar, con el corazón maltrecho, lo anodino de las horas sin mundial, sin la impaciencia revoloteando en la panza, sin ese dulzor en la angustia?
Y el día después llegó. Enseguida reconocimos que algunas marcas de la tristeza estaban ahí, donde las habíamos dejado. Pero había algo más, algo que se sentía en la boca como con gusto a sol.
Este equipo argentino que ayer fue recibido en casa con el afecto de la multitud hecho un mar de calidez, nos ha dado muchas cosas, además de la intensidad de un mes inolvidable, repleto de tensiones, desahogos y alegrías. Y algunas de esas cosas que nos dio, van incluso más allá de la foto con la copa que no pudimos colgar.
Queríamos ganar, ser campeones, no dejamos de desearlo ni por un instante. No nos habíamos olvidado de la actitud de reclamar ese puesto para nosotros, y si la habíamos extraviado, esta selección nos hizo volver a aprenderla.
Es el primer punto que tenemos que anotar en la columna de la gratitud a Sabella y sus muchachos. Nunca se sintieron menos, ni aún frente a Alemania. No importó que los europeos vinieran de destrozar a Brasil con un 7 a 1 inconcebible entre semejantes rivales y en estas lides, tampoco que se haya cumplido una década de que el país que hoy es el más poderoso de Europa se haya planteado casi como cuestión de Estado el objetivo de volver a ganar un mundial (objetivo que se les escapó por poco en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010). Ni siquiera que fuera el equipo de mayor solidez y contundencia que había mostrado Brasil 2014.
Tampoco importaron los titubeos del comienzo argentino, ni que el súbito salto de maduración del equipo hubiera sido dado en plena marcha por la copa (lo mejor de Argentina se vio frente a los equipos europeos en la fase definitoria). Los jugadores se habían demostrado a sí mismos y a todos los demás que estaban a la altura del desafío; el entrenador, por su parte, había demostrado la lucidez de sus planteos y su capacidad para darle cohesión al grupo.
Podíamos, claro que podíamos. Y casi, casi casi, pudimos. Por nuestros ojos del ayer no dejan de pasar una y otra vez las situaciones de gol que se nos ahogaron al borde del grito (la de Higuaín, la de Messi, la de Palacio). ¿Cuántas oportunidades de convertir se pueden tener en una final del mundo contra Alemania? Muy pocas, claro y, para ganarles, hay que meter una de esas.
La gran reinvención
Repasemos la extraña parábola del equipo argentino a través del Mundial. Empezamos sin pisar firme, y en ese desconcierto lo único cierto es que teníamos a Lionel, que nos afirmó con sus inspiraciones para llegar a cuartos de final. Después ya no fue tan gravitante, aunque eso puede borrar que fue el punto de partida que nos hizo andar. Sí, seguro que no es Maradona, quién podría serlo. Pero es un futbolista único, increíble y aunque muchos digan que no se mereció el balón de oro, el brillo que alcanzó a soltar en esta copa le alcanzó para iluminar más que cualquiera.
"El equipo es el otro", parafraseó Sabella en el encuentro del plantel con la Presidenta de la Nación. Y así pasó. De "Los cuatro fantásticos", alrededor de los que debíamos hacer girar todo, algunos no terminaron de encenderse, pero lo que se suponía la parte más débil, la defensiva, fue la que se asumió como bastión.
Este Mundial ha sido maravilloso para nosotros porque hubo un equipo argentino que fue capaz de reinventarse, de potenciar el talento de uno cuando enflaquecía el del otro. Y con esa convicción, ese amor propio y todos los talentos que florecieron juntos. estuvimos a punto de desbaratar los viejos planes de Alemania.
Sentimos orgullo de nuestra selección, y porque el fútbol se parece a la vida, estos jugadores y este entrenador también nos han hecho sentir orgullosos de ser argentinos como ellos.
