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Aguiar cambió insultos por elogios en Talleres

El arquero comenzó su paso por la “T” con una mala actuación ante Sportivo y luego se consolidó en un puesto difícil. Es un referente.

07 de mayo de 2013 a las 02:44 p. m.
Aguiar cambió insultos por elogios en Talleres
Bien. Aguiar se fue consolidando con el correr de los partidos. // Foto: Ramiro Pereyra

Desde su llegada a Talleres, a fines de junio pasado, el arquero Diego Aguiar escribió capítulos en la “T” como para llenar una novela de realismo mágico.

El arquero fue uno de los pilares del plantel del equipo de barrio Jardín, pero el repaso de las vicisitudes que pasó desde aquel debut frente a Sportivo Belgrano, en San Francisco, en el que cometió dos errores gruesos que le costaron sendos goles, refrendan lo que le costó granjearse la simpatía del hincha albiazul. Y más aún cuando le regaló el primer palo a Lucas Melano para el gol de Belgrano en el primer clásico amistoso. Estaba adobado como para salir al horno y con fritas del arco albiazul.

Pero Arnaldo Sialle, quien lo conocía muy bien de Unión de Sunchales y de Desamparados, ­decidió respaldarlo en el medio del vendaval de reclamos para que volviera Leandro Requena, quien terminó siendo su gran amigo.

Y Aguiar le respondió con creces. Adentro de la cancha, porque con una tranquilidad pasmosa para resolver en las difíciles, evitó varias caídas del equipo. Y fuera de ella, por sus cualidades de buen tipo que lo convirtieron en un referente en el vestuario de la “T”.

Calmo, pausado, presto para dar el consejo oportuno y una mano al compañero que la necesite, cambió insultos por elogios, recibió el cariño de la gente cuando se lesionó un ojo y más aún cuando fue operado por un cólico renal y Requena lo reemplazó cuatro partidos.

A los 31 años, edad en la que los arqueros alcanzan su madurez y algunos creen sabérselas todas, el santafesino repitió: “De los errores se aprende. Y yo aprendí a que no me afecten”.

La pucha que habrá aprendido.

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