Adiós al eterno "Mariscal" Roberto Perfumo
Murió a los 73 años. Dejó su marca como uno de los mejores jugadores argentinos de todos los tiempos.
Cuando el apellido es adjetivo, es prueba de que la persona en cuestión es trascendente. Cuando un defensor sale jugando desde del fondo, levanta la cabeza luego de un quite y le da un pase al pie a un compañero, entonces, le dicen "Perfumo". Esa marca registrada, ese elogio inmortal, ese es Roberto Perfumo. No se lo quitará su inesperada muerte, tras caerse de una escalera, lo que le generó una lesión que no pudo revertirse. Fue un crack, un fuera de serie para los '60 y '70 y hoy sería uno de los jugadores que contarían con la admiración de las masas que elogian en las redes sociales y ven todo por YouTube. Quién sabe cuantos seguidores tendrían en Instagram.
Sin embargo, las fotos en blanco y negro o las coloreadas, no le quitan el toque diferencial a un jugador bohemio como Roberto Perfumo, quien es considerado uno de los mejores defensores argentinos de todos los tiempos. Lo que es decir, uno de los mejores jugadores. Una consideración que se la asignan los mismos futbolistas.
Los de su tiempo y los que vinieron después. Diego Armando Maradona, el más emblemático jugador de la historia (junto con Lionel Messi y Alfredo Di Stéfano), contó una anécdota en la que el mismo "Mariscal" le pegaba una patada y el mismo Maradona se levantaba tras el golpe para preguntarle si tenía bien el pie...
Lo que contó que Diego mostraba aquel fútbol, en el que los "chicos respetaban a los grandes". Donde la palabra respeto era moneda corriente. Aunque la anécdota del Diez mostraba el costado rústico de Perfumo, Roberto siempre fue un tipo de gran porte que tenía lo que hoy se describe como "buen pie". Lo que significa, ni más ni menos, que tiene las condiciones ideales para entregas precisas. O sea, sabía con la pelota. Y también sabía de la pelota.
Lo demostró siendo comentarista de fútbol. Inventó el Hablemos de Fútbol. Era más que un programa, era un encuentro bohemio en el que se hablaba de juego, de detalles que la gente común había perdido de vista en tiempos de brutal resultadismo y de rotulaciones como la de "exitoso" o "fracasado" de un día para el otro. Con Victor Hugo Morales llevaron a la mesa a todos los que actores de un fútbol argentino volátil diferente al de décadas atrás, cuando los referentes estaban en las canchas todos los domingos y no había que prender el Smart TV para ver sus maravillas en las ligas europeas o los lejanos campeonatos de India, China o Japón.
Con dos Mundiales encima, integró los equipos de la era pre-títulos, la que luego inicio César Luis Menotti en 1978, cuando Perfumo estaba en el ocaso de su carrera. Y alguna que otra crítica recibió, como todos los que dan la talla de diferentes y no logran cambiar lo rutinario. Igualmente, quedó elegido en el 11 ideal histórico del seleccionado argentino que dio a conocer la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
Selección y Córdoba tienen una conexión para “el Mariscal”. Después del golpe bajo que significó la eliminación de Argentina del Mundial 1970 (en una tarde aciaga de 1969, Perú lo eliminó en la cancha de Boca) y también alejado del fútbol argentino, Perfumo tuvo una prolongada ausencia de la selección albiceleste. Hasta que, en abril de 1974, a meses del Mundial de Alemania, Vladislao Cap lo convocó.
Y su regreso fue en Córdoba, más precisamente en la cancha de Belgrano: el 26 de abril de 1974, la selección nacional igualó 1-1 con el Pirata, en un amistoso preparatorio, y Perfumo volvió a vestir la camiseta de la selección.
Cuando fue director técnico siempre extrañó ser jugador. Supo que la dinámica de lo impensado que es el fútbol, en el vestuario es la dinámica de lo inmanejable.
Le decían "el Mariscal" y no por ninguna connotación militar. Lo suyo no era la orden y las jerarquías dadas. Lo suyo era la jerarquía ganada por mérito propio. Tal cual decía el ya inmortal Perfumo para despedirse: chau, abrazo de gol.

