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Acostumbrada a sufrir: Argentina quedó obligada a todo

Relato de otra noche rara de la selección argentina. El 1-1 con Paraguay la deja al límite para el choque frente a Qatar.

20 de junio de 2019 a las 08:40 a. m.
Acostumbrada a sufrir: Argentina quedó obligada a todo

Argentina fue poco y nada y se quedó con poco y nada en Belo Horizonte. El 1-1 con Paraguay no sólo dejó a la selección obligada a contar moneditas para buscar la clasificación a cuartos de final contra Qatar, sino que dejó postales que pintan su drama sin fin. Esa dinámica de autodestrucción futbolera de la que no sale desde hace varios años.

El VAR, el penal de Lionel Messi, el blooper del arquero Franco Armani y su redención posterior con el penal atajado, los cambios del director técnico Lionel Scaloni, la corrida del indomable Miguel Almirón para el gol de Richard Sánchez, la fe y la decepción de los hinchas en el Mineirao de Belo Horizonte.

Todo hace a la pintura final de este escenario tambaleante: listo para acomodarse con un triunfo y un acierto; y también preparado para no tolerar un error más de ninguno de los protagonistas vestidos de celeste y blanco. Ni de los que juegan ni de los que deciden desde el cuerpo de entrenadores.

Sin punto medio, sin proceso que resguarde traspiés ni promueva tolerancias, sin calma ante la urgencia de la búsqueda de un resultado permanente, sin nada de eso, la selección sigue su andar dañando la vista de quienes esperan un poco más. No “todo” siquiera. Un poco. Un poco de equipo. Un pase, una asociación, un enganche. Fútbol. Un poco de fútbol. Ni el Barcelona, ni el Liverpool. Un poco de fútbol.

Ese deseo de ver algo y no verlo pasó anoche en Brasil en la segunda fecha del Grupo B de esta Copa América que parecía tener valor antes de su arranque y que ahora mismo, con el cuadro actual, ganarla sería como hacer negocios con dólares. Basta recorrer las imágenes de la noche para dimensionar el estado de situación.

Una renovación que no fue

El Mineirao fue argentino. La selección argentina jugó de local en serio. El Himno estremeció, se cantó el “que no salta es un inglés”, el “brasileño, brasileño, qué amargado se te ve, Maradona fue más grande que Pelé” y hasta estalló el “Brasil, decime qué se siente...”. La derrota 2-0 con Colombia, increíblemente, quedó olvidada en esa monumental muestra de pasión.

Tan gigante y grande como el Mineirao, una bestia de estadio con 62 mil lugares de los que sólo se ocupan 38 mil. Este escenario estigma del fútbol brasileño por el 7-1 de Alemania se transformó en una sede de la renovación de fe.

Y más cuando se vio la arenga del Messi más líder que recuerde la selección argentina. Antes del inicio del partido, después de ir al sorteo con el árbitro brasileño Wilton Sampaio, el capitán fue a saludar (beso y abrazo) a todos y a cada uno de sus compañeros. Bocón, gritón, Messi fue maradoniano en ese acto.

Lo que vino después fue lo visto por todo el país a través de la TV. El derrumbe de un intento de equipo. Messi allá lejos, el resto atrapado en batallas individuales y quedando ridiculizado por la potencia física paraguaya. La corrida de Almirón pareció una burla a la preparación argentina.

Fueron momentos lapidarios los de ese primer tiempo. Y no sólo lo que pasaba en el campo de juego. Afuera, “el Kun” Agüero calentaba con un desgano evidente. Se nota que está caliente con su rol en el seleccionado, como ya mostró en la charla “televisada” entre plantel y cuerpo técnico.

Las asambleas en la tribuna en el entretiempo, con el 0-1, eran impresionantes. En ellas se gesticulaba a full: los dedos de los hinchas iban para allá y para acá, como sugiriendo movimientos y posicionamientos.

El segundo tiempo fue la locura de los primeros 20 minutos. Los contraataques de Paraguay, el tiro en el travesaño, el penal vía VAR, el penal que atajó Armani, el tiro libre que salvó otra vez Armani. Después de eso, hubo tiempo para los cambios de Scaloni y para que Messi no tocara más la pelota. Para que Argentina otra vez sea un equipito sin nada que se juega todo contra Qatar el domingo a las 16 en Porto Alegre.

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