A propósito de la reducción de penas de la Conmebol: el daño de la injusticia
La Justicia es una idea. Que se construye desde hace siglos (libertad, igualdad, fraternidad) y que debe alimentarse día a día. En todos los ámbitos. Aspiramos a ella no sólo sobre las acciones de nuestros gobernantes, sino también en cada momento de nuestra vida diaria.
Por eso, una injusticia –cualquiera que sea– es tan dañina. Porque destruye lo construido y sus secuelas se esparcen por todas partes, como veneno. En ámbitos económicos, políticos y también deportivos. Su perjuicio vale tanto cuando se juzga a los políticos como cuando se lo hace con un club de fútbol. La conclusión es la misma: a los poderosos nunca les pasa nada.
En Argentina vivimos entre injusticias. Y todas provocan lo mismo en la sociedad: su deterioro. El deterioro de una idea que debería hacernos trabajar en conjunto, para que cada esfuerzo tenga los mismos premios y los mismos castigos.
Lo que acaba de suceder con el fallo de la Conmebol es una injusticia. Luego de un hecho consumado, como fue el fallo contra Boca por el incidente del gas pimienta en 2015, la Confederación Sudamericana atenuó la pena y redujo el castigo de 8 a 2 partidos sin público xeneize.
El argumento oficial dice que la Conmebol cumple 100 años y entonces es un buen momento para comenzar de cero. El trasfondo es otro: la presión de los poderosos logró torcer el brazo del Tribunal de Penas.
Es una práctica habitual, ahora trasladada a Paraguay.
Es el gen de la idiosincrasia nacional que considera a la viveza como elemento necesario. No importa la valoración moral.
Lo sabemos los cordobeses. Sobre todo en los últimos años en la política y en el fútbol. Allí se retroalimenta esa vieja dualidad entre porteños vs. interior. En esa sensación del perjuicio eterno de parte de los más poderoso sobre los más débiles. Lo saben los demás provincias y los clubes del interior, también.
Viejos perdedores en el juego de los premios y castigos, en el reparto de dinero (de AFA, en el caso del fútbol) y también de las sanciones. Siempre perjudicados, los representantes del interior recién en los últimos años han comenzado a hacer pie en los ámbitos de la Capital. Pero llevará tiempo.