A Instituto la mejoría no le alcanzó para torcer el destino
Sin Primera. Aunque la Gloria no estuvo cerca de la hazaña para revertir el 0-2 de Córdoba, por momentos apareció ayer en el Nuevo Gasómetro el equipo que jugó muy bien gran parte del torneo. Final de un sueño que no terminó de la mejor manera.
Al margen de la fiesta que vivió San Lorenzo por la permanencia en Primera División, el 1-1 dejó a Instituto con un cúmulo de sensaciones. La desazón lógica de no cumplir el sueño del ascenso superó a cualquier otra.El llanto desconsolado de Paulo Dybala, con su rostro desencajado, simbolizaba lo que sentían todos sus compañeros, y como así también lo habrán sentido los castigados hinchas albirrojos.
Darío Franco, con una actitud más paternal que de entrenador, abrazó a Paulo e intentó consolarlo, como unos segundos antes lo había hecho con Videla. La impotencia, el dolor porque esa temporada que fue maravillosa quedó sin el premio mayor, superaba cualquier intento de llevar calma.
Chiarini caminaba cabizbajo con la mirada perdida, en contraste con la imponente presencia que mostró a lo largo de la temporada y que ayer lo recibió, por si hubiera hecho falta, como un arquero de Primera.
Cualquiera de esos 400 hinchas que fueron a hacer el aguante, y que manoteó alguna de las camisetas que revolearon los jugadores al final, habrá comprobado que su "trofeo" estaba mojado. El sudor explicaba la entrega de todos; nadie se guardó nada. Fueron por la epopeya, pero no lo lograron.
Y lo más noble es que Instituto intentó la proeza mostrando el sello que lo caracterizó durante gran parte del año. Es que si aparecía como utópico que la Gloria pudiera dar vuelta el 0-2, eso se sustentaba en que hacía rato no mostraba su mejor nivel. Y ayer, como en casi toda la temporada, Instituto volvió a jugar como un equipo de Primera División.
“¿Por qué no jugó así contra Quilmes?”. “Si jugaba así cualquiera de las últimas cinco fechas, salía campeón”. “Si contra Ferro jugaba en el Estadio Mario Kempes, una cancha grande como el Nuevo Gasómetro, Instituto ganaba”. Todas esas ideas quedaron flotando…
La determinación y soltura de Instituto le puso expectativa a la definición de la promoción. Con toqueteo, rotación y circulación de la pelota apaciguó la fiesta y alteró los nervios de los hinchas azulgranas.
Hubo un ratito en que hubo ilusión: el gol de Lagos y el posterior cabezazo, desviado, de Dybala. Si entraba…
Con el empate de Néstor Ortigoza, tras el torpe penal de Osvaldo Barsottini, San Lorenzo se alivió y festejó la permanencia con ovaciones a sus jugadores (la más estruendosa fue para el cordobés Julio Buffarini) o la bizarra imagen del “Colorado Mufa” llevado en andas por Caruso y ovacionado.
Instituto dejó su sello y eso lo enaltece. Mereció Primera División; merece gratitud.