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Un Súper 8 para el arbolito

El primero. Para completar un inicio de temporada soñada, Atenas se llevó el torneo que le faltaba. Madrugada de felicidad, en boca de Matías Lescano, Miguel Gerlero y Bruno Lábaque.

21 de diciembre de 2010 a las 12:56 a. m.
Gabriel Rosenbaun
Un Súper 8 para el arbolito

"Había muchos que creían que estábamos arriba de casualidad. Ahora van a tener que cambiar de opinión". En el vestuario de Atenas ya no quedaba nadie y Matías Lescano, con toda su tranquilidad encima, disfrutaba del primer ratito como campeón del Súper 8.

El alero de Atenas, que se fue a España luego del título griego de la Liga Nacional 2002/03, volvió con otra corona bajo el brazo: esta vez, en tierras formoseñas.

"El equipo está bárbaro y confirmó lo que venía haciendo en la Liga. Desde que volví a Atenas dije que si estaba acá era por algo; no se imaginan lo que es para mí ganar este título que el club no tenía. Tiene un mérito enorme vencer a Peñarol, el candidato de todos: cuando ellos pasaron al frente en el último cuarto, cualquier equipo se hubiera ido de la cabeza, pero nosotros fuimos muy inteligentes", añadía "el Bicho".

Quien parecía no caer era Miguel Gerlero, el Jugador Más Valioso de la final. Caminaba por los pasillos con una cara que mezclaba tanta felicidad como desconcierto.

"Lo dije en todos lados: no imaginaba algo así. Jamás pensé que podía ser el MVP. Más que por mí, me pone feliz por el equipo. Nos merecíamos algo así", planteaba, con la voz entrecortada por la emoción, el pibe que entró de suplente y se despachó con una actuación sobresaliente y 31 puntos (¡tiró para hacer 43!).

Pasada la conferencia de prensa, ya en plena madrugada formoseña, Bruno Lábaque tenía los ojos brillosos. El base jugó un torneo de altísimo nivel y, con la copa bajo el brazo, sintió que se sacaba, por fin, un peso de encima.

"He vivido muchos momentos muy lindos con el básquet, y de hecho, casi siempre fueron más los lindos que los feos, pero éste instante es único: vengo de una separación, hace mucho que no veo a mis hijos, tuve ganas de dejar de jugar… Para mí, que soy amante de Atenas, no es 'moco de pavo' ser el único que ganó todos los títulos. Y ahora, con el Súper 8, los gané todos", decía emocionado, lagrimeando.

Abrazaba y besaba la copa plateada. Estaba en las nubes. “Antes se hablaba mucho de mi vida privada y ahora se habla de cómo estoy jugando al básquet. Me hace muy feliz. Como siempre, a lo largo de mi carrera, voy tapando bocas”, planteaba.

"En este grupo, todos fuimos figuras en algún momento. Eso habla de la unión del equipo, de la solidaridad. Por suerte tenemos varios días para disfrutar este título del Súper 8 y todo lo que venimos haciendo, pero cuando volvamos tenemos que estar más fuertes que nunca. Yo soy el más viejito del grupo y a los más chicos les digo que son mis leoncitos, mis soldaditos: les pido que no me fallen y mis soldados no me fallaron", cerraba Lábaque, cada vez más lejos de ese pasado reciente que le pesaba demasiado en la mochila de los sentimientos.

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