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Emoción y lágrimas. Rubén Magnano y el discurso final de la Generación Dorada: Muchísimas gracias por adoptarnos

El entrenador cordobés agradeció a los familiares y amigos, pero especialmente al público que acompañó a la selección argentina que 20 años atrás se colgó el oro.

03 de noviembre de 2024 a las 05:13 p. m.
Rubén Magnano y el discurso final de la Generación Dorada: Muchísimas gracias por adoptarnos
La fiesta del reencuentro de la Generación Dorada, con invitados y la emoción del discurso final de Rubén Magnano. ( @livedaleplay)

La emocionante noche del reencuentro de la Generación Dorada tuvo su mejor cierre con el discurso final de Rubén Magnano. El entrenador cordobés que llevó a la selección argentina, y al básquet nacional, a la cima del mundo al conquistar la medalla de oro en los Juegos Olímpico de Atenas 2004, micrófono en mano, emocionó a todos en el Parque Roca. A los más de 15.000 espectadores y a sus propios jugadores. Hubo lágrimas de más de uno, incluido Magnano.

“Como nunca antes, llegamos a lugares impensados y vivimos momentos increíbles. El vehículo de ese logro se escribe con mayúscula y ese vehículo es el equipo”, destacó el cordobés. “Vivimos un momento pincelado de gratitud”, sumó.

“Me voy a tomar un momento, que tendría que ser una cosa cotidiana. Enaltecer, agradecer a los verdaderos pilares que están detrás nuestros, que son un valor agregado de nuestras vidas, son nuestro faro. Los que nos contienen, nos estimula, nos desafían, nos aconsejan, nos despiertan el coraje de tener coraje, de no doblegar y seguir: nuestros padres, nuestras compañeras, nuestros hijos, nuestros amigos... Son el verdadero sustento de todo esto. Soy un agradecido por ellos por como me han acompañado y me han permitido crecer en el día a día”, expresó.

“Momentos en que nos contenían las lágrimas, o nos despertaban una sonrisa... Esos son los momentos que se me vienen a la cabeza. Ustedes (al público) tienen un lugar preponderante también por el gesto del abrazo y el cariño. Muchísimas gracias por el cariño, muchísimas gracias por contenernos... Muchísimas gracias por adoptarnos”, dijo con la voz entrecortada por la emoción y lágrimas en los ojos.

“Muchísimas gracias básquetbol, muchísimas gracias básquetbol... Hasta siempre, chau”, cerró Magnano, siempre con las palabras justas.

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