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Leonardo Gutiérrez y Facundo Campazzo: nafta cordobesa en Peñarol de Mar del Plata

Dupla infalible. Los sellos inconfundibles del insaciable Milrayitas, celebraron en Mendoza la obtención del Súper 8.

26 de diciembre de 2013 a las 08:21 a. m.
Leonardo Gutiérrez y Facundo Campazzo: nafta cordobesa en Peñarol de Mar del Plata
Postal repetida. Gutiérrez y Campazzo besando una copa (Foto: Ligateunafoto.com).

Peñarol de Mar del Plata, la máquina de ganar, funciona con nafta súper cordobesa. Aun cuando el básquetbol sea un deporte colectivo, nadie sensato sería capaz de discutir el peso específico de la dupla que alimenta esa trituradora: Leonardo Gutiérrez, el jugador con más títulos en la historia de la Liga Nacional, y Facundo Campazzo, ese petiso que no tiene techo y que cada día que pasa parece más cerca de la NBA.

En Mendoza, donde el sábado pasado Milrayitas se coronó campeón del Súper 8, los dos volvieron a robarse la atención y fueron el imán de todas las imágenes de la coronación. “Leo” recibió la copa y enseguida buscó a “Facu”.

Chocaron bien fuerte la palma derecha y besaron juntos el trofeo. La fiesta recién empezaba. Después, la ronda con el equipo y el ritual del corte de redes: Gutiérrez se adueñó de una y se la colgó del cuello a Campazzo, y segundos después, Gabriel Fernández –campeón olímpico 2004–, hizo lo mismo con “Leo”.

Los dos cordobeses acapararon casi todas las miradas. Sus voces, a esa altura, valían oro. “¿Qué tiene Peñarol para estar tantos años seguidos ahí arriba? Continuidad de jugadores, la misma idea de juego, y una dirigencia que no se queda con lo que tiene y siempre busca más. Además, los jugadores que llegaron se complementaron muy bien con los que ya estábamos: por eso pudimos hacer un muy buen grupo”, argumentó Gutiérrez, que le hizo lugar a otro título en una repisa en la que sobran coronas.

“Leo”, que juega a cara de perro cada partido, no afloja nunca: en los últimos 29 segundos de la final metió dos tapas, como para cerrarle la cortina a cualquier ilusión de Quimsa.

–Tenés un montón de títulos. ¿Qué tiene de especial este Súper 8?

–Que es con un nuevo plantel, con nuevos compañeros, y siempre me gusta ganar. Puede ser el título 12 ó el 15, pero a mí me gusta ganar y lo disfruto como si fuese el primero.

–En los festejos buscaste primero a Campazzo. ¿Cómo vivís este momento tan especial de “Facu”?

–“Facu” merece todo lo bueno que le está pasando, porque es un gran jugador y una gran persona, que labura día a día como si fuera el último. Por eso me pone muy contento la forma en la que está jugando y que, además, sea un jugador de selección y que se esté hablando de él para ir a la NBA o a Europa. La realidad es que todos los que estamos acá vimos el crecimiento de Facundo y nos pone muy felices que esté viviendo todo esto.

Campazzo, el más valioso Si hay jugadores que parecen ir en quinta a fondo, Campazzo tiene, indudablemente, una marcha extra en su caja de cambios. El base cordobés marca cada vez más diferencias en la Liga y ya no sorprende cada título o distinción personal.

"Jugamos muy bien al básquet. Arrancamos muy duros de la cabeza. Este Peñarol está haciendo cosas muy buenas, jugando bien y clavando el puñal en el momento justo, como no podíamos hacer el año pasado. Ahora tenemos que descansar, para empezar con todo el año que viene", dice a Mundo D ese enano-gigante, que fue elegido como el Jugador Más Valioso (MVP) del torneo.

–Ganaste un montón de títulos con esta camiseta, pero todos tienen algo particular. ¿Qué distingue a este Súper 8?

–Es nuestro primer campeonato del año. Habíamos quedado afuera con Lanús, en “semis” de la Liga Nacional, y eso nos dolió muchísimo. Creo que corregimos muchas cosas desde entonces. Pudimos ganar el Súper 8 y dimos un mensaje: que Peñarol sigue con mente ganadora.

–“Leo” te colgó la red del cuello y te llenó de elogios. ¿Qué significa que él, que ganó tanto, te ponga en el lugar de “niño mimado”?

–Leo es un grande, un crack. Y es también un amigo, un padre. Él me está formando como jugador y como persona. Y mis compañeros también. Gran parte de lo que me pasa individualmente sucede gracias a él.

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