El extraño de pelo largo
Contrastes. Amable como casi todos en Turquía, Mustafá, mozo de un local de comidas en las afueras del estadio, rompe el molde y desafía costumbres.
Kayseri. Dicen que la rebeldía es propiedad absoluta de los jóvenes. Y si no que lo diga Mustafá Ünal, un turco de 21 años (los cumple justo hoy), que atiende uno de los puestos de comida instalado en las afueras del estadio Kadir, en Kayseri.En Argentina no tendría por qué llamar la atención, pero en Turquía es como ver un camello arriba del techo. Tiene cabellos largos y, en pleno Ramadán, mientras esperaba algún cliente, apuraba un bocado de pollo en abierto desafío al ayuno del mes sagrado. Un detalle en nuestro país, pero no en este Kayseri conservador de costumbres y tradiciones islámicas.
Amable para atender y siempre en voz muy baja, Mustafá entró rápidamente en confianza con el grupo de argentinos que optó por almorzar en el predio del estadio, a la espera del debut del equipo, previsto para las 21.30 local.
"Soy musulmán, pero no radicalizado, como la mayoría de esta ciudad. Creo en Alah, pero no comparto el ayuno", dice, a la vez que cuenta que tiene un amigo en Buenos Aires y que llegó a Kayseri desde su Mersin natal (ubicada al sur del país) para estudiar la licenciatura en letras inglesas.
Mustafá asegura que hace 10 años era inimaginable pensar en un musulmán que no respete el ayuno, pero que las costumbres van cambiando, tanto como su look atípico. "Me gusta tener cabellos largos aunque esto me cueste ser discriminado. Usarlo así me trae problemas con mi empleo y, en los lugares públicos me cuesta relacionarme con la gente, porque está mal visto ver a alguien hablar con una persona de mi aspecto".
Pero en lo que Mustafá "no se salió del molde" es en la amabilidad tradicional del turco. "Yo lo invito a conocer mi casa en Mersin (al sur del país) si usted quiere. Serán ustedes bienvenidos y un gran placer para mí". Y no fue una postura, tomó un papel y lápiz y escribió su dirección y número de teléfono.
Después de una "recomendación" de su encargado para que le afloje a las sociales, Mustafá se despidió con un "buena suerte para el juego". Tal vez este "extraño de pelo largo" no sea el más efectivo empleado pero con su cordialidad se ganó unos cuantos clientes. Una fórmula que siempre funciona más allá de cualquier otra etiqueta.