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Básquet: los “longevos” siguen escribiendo la historia

La Generación Dorada es inoxidable: ayer se sacó de encima al Brasil de Rubén Magnano (82-77) y se metió en las “semis” de Londres, para buscar su tercera medalla olímpica consecutiva.

09 de agosto de 2012 a las 08:46 a. m.
Gabriel Rosenbaun
Básquet: los “longevos” siguen escribiendo la historia
Gloria albiceleste. El clásico fue nuevamente argentino y el premio, nada menos que una “semi” olímpica. // Foto: AP

Hay momentos sublimes. Momentos en que el corazón y el sentido de pertenencia generan una intensidad contagiosa, que hace mover músculos agotados.

Momentos como el de ayer, en el North Greenwich Arena, que traspasarán las épocas: es que la banda de "los longevos", como ellos mismos se denominan, volvió a hacer de las suyas y amargó por tercer año seguido al Brasil del cordobés Rubén Magnano (antes, en octavos de final del Mundial 2010 y final del Preolímpico 2011), para meterse en semifinales de unos Juegos Olímpicos por tercera vez consecutiva. ¿Se entiende bien? ¿Seguro?

La selección argentina, esa misma que miró los Juegos por TV durante 44 años (desde Helsinki 1952 a Atlanta 1996), va por su tercera medalla al hilo. ¿Y qué importa que mañana, en “semis”, del otro lado esté el cuco vestido con la pilcha de Estados Unidos?

Por eso, el festejo interminable, conmovedor. Por eso, la felicidad que no cabe en esos cuerpos que saltan y saltan, mientras revolean toallas y sonríen con el pecho hinchado.

Atrás quedó una batalla conmovedora, que por momentos fue una lección basquetbolística. Terminó 82-77, con los cinco fantásticos (de memoria: Prigioni, Ginóbili, Delfino, Nocioni y Scola) mostrando sabiduría y hambre de gloria, y una compañía de lujo con laderos de fierro ("Pipa" Gutiérrez hizo un partido de locos y Campazzo aportó mucho en unos minutos, por citar a sólo dos), para agigantar el legado de un equipo que, salvo en Turquía 2010, se metió en "semis" de todos los torneos grandes que jugó desde 2002.

La “peli” (de final feliz) empezó complicada, con Huertas probándose el traje de héroe y anotaba puntos para todos los gustos, ante una defensa que prefería que se endulzara convirtiendo y no dañara con todo lo que puede generar para los demás.

Argentina, con goleo repartido, se mantuvo a tiro. Y cuando aparecieron los triples de Delfino y saltó a la cancha “el Pipa”, asumió el liderazgo, mientras Brasil perdía eficacia en sus lanzamientos y se hacía vulnerable en la pintura.

La diferencia se estiró a 15 (61-46 en el tercer cuarto) pero se disolvió a sólo dos (70-68). Cuando las papas quemaban, el corazón valiente de Nocioni, la tranquilidad de cada uno que se paró en la línea de libres y un esfuerzo colectivo monumental en los rebotes pusieron las cosas en su lugar, con Argentina entre los cuatro mejores.

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