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La invención de una escritura para contar la vida, reseña de "Trazos impersonales"

En "Trazos impersonales", María Soledad Boero analiza minuciosamente las motivaciones y las fuerzas en tensión que alumbraron la obra de Jorge Barón Biza y de Carlos Correa, ambos muertos de manera voluntaria,

02 de octubre de 2017 a las 02:58 p. m.
Gustavo Pablos
La invención de una escritura para contar la vida, reseña de "Trazos impersonales"

A fines de los años \'90 Jorge Barón Biza publica El desierto y su semilla, novela que retoma un lamentable suceso de su historia familiar (el día en que su padre arrojó ácido en la cara de su madre luego de firmar los papeles del divorcio) y los efectos posteriores. A mediados de los \'80, Carlos Correa había dado a conocer Los reportajes de Félix Chaneton, novela que agrupa una serie de relatos donde el protagonista se busca a través del yiro y del encuentro ocasional con otros personajes y sus entornos. Ambos autores mueren de forma voluntaria (Correa en el 2000 y Barón Biza en 2001), episodios que le otorgan un matiz trágico a sus vidas y sus producciones literarias.

Trazos impersonales, pasaje a libro de la tesis doctoral de María Soledad Boero (especialista en semiótica e investigadora de las relaciones entre escritura y vida en la literatura y el arte contemporáneos), es una minuciosa y esclarecedora investigación que ilumina las fuerzas en tensión que dieron lugar a ambas obras. "¿Qué fines tendría una escritura como la de esta novela, que pretende distanciarse de la tragedia personal y al mismo tiempo no puede dejar de convocarla?", se pregunta Boero acerca de El desierto y su semilla. Mientras que en el caso de Carlos Correa, quien sostenía que de lo que se trata es de "volver contable la vida", el interrogante pasa por la cuestión de a qué vida se refería cuando hablaba de volverla "contable".

El ensayo se apoya en algunas categorías de filósofos como Gilles Deleuze, Roberto Espósito y Jean-Luc Nancy, entre otros, para organizar sus hipótesis en torno a un conjunto de motivos: la idea de desobra (un desacuerdo entre vida y obra que conduce a que ésta se vincule con aquello que no está escrito y que lo excede), la distinción entre auto (lo propio) y hetero (lo diferente, lo ajeno), la noción de heterobiografía (propuesta por el mismo Correa, quien había señalado que “escribir es escribirse” pero saliéndose de la matriz autobiográfica, porque lo que buscaba era una salida de sí en la que “se puede dar cuenta, en algo, de uno mismo”), y, además, la posibilidad de un ejercicio de transformación ética ante aquello impersonal que sacude y desfonda al sujeto.

Boero sostiene que en las formas autobiográficas de las “literaturas del yo” la escritura es un recurso para sublimar y fortalecer el yo contando los episodios de una vida, mientras que en la posición heterobiográfica se revela la dificultad de mantener la ilusión de trayectoria, huella, cronología. En estos casos lo “contable” de una vida excedería ese retorno sobre sí mismo propio de la autobiografía, incapaz de dar cuenta de ciertas aperturas del yo, de sus fisuras y su exposición. En la novela de Barón Biza una de las claves es la imposibilidad de representar con figuras el rostro de su madre; en Carlos Correa el deseo de “ser algo o alguien” a través de sus recorridos y encuentros con los demás nunca llega a consolidar en una identidad. Desfiguración en uno, fuga en otro. Y en ambos el exilio, el desierto y una serie de resistencias institucionales y de estrategias retóricas que auspician una escritura en perpetuo devenir.

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Trazos impersonalesMaría Soledad BoeroEduvim, 2017