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El trabajo de los ghostwriters: Libros que no son necesariamente malos

El escritor Juan Terranova recuerda los trabajos literarios que hizo por encargo. "El escritor fantama está presente pero velado por el dinero y el ego de otro", dice.

18 de julio de 2016 a las 03:58 p. m.
David Voloj
El trabajo de los ghostwriters: Libros que no son necesariamente malos
Juan Terranova

En 2005 se publicó La joven guardia, una antología narrativa que incluyó escritores que por entonces comenzaban a publicar y que, una década después, consolidarían el buen criterio de lectura y selección de Maximiliano Tomas. Algunos autores que aparecen ahí son Mariana Enríquez, Patricio Pron, Federico Falco, Samanta Schweblin, Juan Terranova. Este último es autor del cuento "Diario de un joven escritor argentino" en el que, con cierta ironía, retrata los avatares de quien quiere dedicarse a la literatura pero logra, con suerte, escribir.

Al hablar de su propia experiencia como ghostwriter –retratada de manera similar en el cuento–, Terranova recuerda algunas anécdotas que ilustran lo que es escribir para otros. "A principios de siglo, Julio Acosta, un editor porteño, me ofreció escribir un libro sobre El Alamein (Egipto) para una colección de batallas de la historia. Acepté y disfruté leyendo sobre los generales del Commonwealth que lucharon contra Rommel hasta que finalmente llegó Montgomery. Cuando terminé y entregué, el editor me pasó un manuscrito sobre Stalingrado. Lo había redactado un coronel del Ejército Argentino de nombre Ricardo Muñoz, que sabía mucho de armas soviéticas pero no tanto de sintaxis castellana. Reescribí el libro con interés. Años después encontré algunos ejemplares en una librería de saldos de Corrientes. Los compré y los leí. No me parecieron necesariamente malos".

Terranova confiesa que alguna vez pensó en reescribir aquellos libros. "O quizás debería llegar un escritor más joven y talentoso y corregirme con amable respeto, como yo corregí al Coronel Muñoz".

Es posible que las historias de otros tengan ideas interesantes para desarrollar en clave de ficción. Pero eso es algo que, según Terranova, queda inhibido para un ghostwriter. "Una vez me recomendaron para escribir las memorias de un tipo del Jockey Club. Fui y lo entrevisté unas cinco veces. El tipo contó un montón de boludeces y anécdotas de su vida, completamente intrascendentes: cómo se había ganado la vida, cómo había construido una pequeña fortuna, sus dos matrimonios, sus viajes, y al final daba algunas nociones éticas muy banales. Mientras desgrababa, me di cuenta de que con esa base se podía escribir una novela, una novela de adulterio, de humillaciones y humillados, de dinero y ambiciones, pero eso es algo que el escritor pago no se puede permitir. Hice más interesante lo que pude, pero no inventé nada. El tipo quedó conforme, pagó una edición y la presentó en el Jockey Club de CABA y en el Rottary Club de su pueblo. Así me gané dos clientes más que  también tenían banalidades y monsergas para dejar por escrito. Dicho esto, hay que escribir like a profesional, tiene que quedar bien", dice.

Terranova cree, entonces, que no hay conflictos existenciales ya que "escribir es escribir, y escribir es un trabajo también". Y cierra: "El escritor fantasma es fantasma porque está y no está. O mejor, está presente pero velado por el dinero y el ego de otro. Siempre sos un Sísifo cuando traducís o escribís, para tu firma o para otro. En ese pantano pegajoso de las letras que nos toca ordenar con una pala de plástico, cada cual elige y se jode como más le gusta".