"El que ama la sabiduría no puede despreciar ningún saber"
El escritor y ensayista Adolfo Colombres analiza cómo Occidente priorizó la razón sobre la intuición. Y cree que el arte y los mitos pueden devolver el encantamiento al mundo.
Adolfo Colombres (Tucumán 1944, abogado, escritor) está en franco desacuerdo con el uso del término "consumo cultural", cree que hablar de verdades en plural es efecto de la degradación del sentido y alerta sobre la importancia de que Occidente revalorice la sensibilidad y la intución. De estos y otros temas que forman su objeto de estudio desde hace décadas habló con Número Cero. Muchos, referidos a las ciencias del arte con perspectiva latinoamericana y siempre relacionando su abordaje con conceptos de la antropología social, la filosofía y la cultura.
Entre los ensayos de Colombres se encuentra El resplandor de lo maravilloso-Poética de lo sagrado (aún inédito), que fue el eje transversal del seminario que lo trajo a Córdoba hace pocos días, "El arte y lo sagrado en el reencantamiento del mundo".
–Al referirse al trabajo de Gilles Lipovetsky "La era del vacío", en el que se teoriza sobre la indiferencia social y el consumo hedonista posmoderno, sostiene que tenemos que combatir ese vacío desencantador…
–Sí, pero más correcto sería hablar del vaciamiento que se está dando por todos lados. Es decir, un ataque al sentido, que se da también por la velocidad en que vivimos. Toda aceleración produce una falta de profundidad y al eliminarla se anula el sentido crítico. Yo hablo de las oscilaciones de lo real, cuando empieza a caer el concepto de verdad y todo es banal, degradado. Es un retroceso en la historia moral de la especie, porque son valores que ha costado mucho tiempo construir y se están demoliendo. El consumo está penetrando toda la cultura como un ariete. Y la sociología y la antropología, en vez de salir al cruce de ese concepto, lo legitiman. Se habla de consumos culturales: consumo teatral, cinematográfico, musical, literario. ¡Hasta se dice consumo de Opera!
–Para usted ¿no se debería hablar de consumos culturales?
–Yo creo que no. Siempre es mejor hablar de "hechos culturales". Decir, por ejemplo, "consumo libros" es hasta feo como concepto, porque el libro tiene mucho de sagrado; es como si dijésemos: "consumo Cristo".
–Se escucha decir que vivimos en la era de la posverdad ¿cómo definiría este término?
–La posverdad es no poder prácticamente distinguir ya la falsedad de la verdad; porque las falsedades son erigidas como verdades y éstas criticadas de falsas. Todas las verdades que no convienen al poder son relativizadas. Ya no existe la verdad sino las verdades y dentro de estas están las verdades oprimidas y las dominantes, que por lo general son mentiras y funcionan apañando los intereses económicos.
–Usted suele hacer hincapié en recuperar los universos imaginativos que están en los mitos, los ritos y la magia, aludiendo a la tensión entre razón versus emoción...
–Bueno, la historia de Occidente desde el momento en que surge el “logos” (hace 25 siglos por lo menos) descalificó todo lo relacionado con el lenguaje de los sentidos, la emoción y la intuición. Es decir, el conocimiento del mundo a través de los sentidos y de la sensibilidad, tema capital para el reencantamiento del mundo, que no es posible sin lenguaje simbólico. Las sensaciones están en el orden simbólico. Flaubert decía que hace falta una educación sentimental y en ese sentido son las mujeres las que tienen que hacer docencia, porque el varón está más deteriorado en su vía sensible.
–Entonces, ¿cómo se vuelve al reencantamiento?
–Primero, recuperando el concepto de lo sagrado, volver a la vía simbólica. Adoptar y poner todos los saberes generados de nuestras ciencias sociales al lado de otros saberes: Kant al lado de la sabiduría masái o guaraní. Saberes no legitimados por el término del derecho positivo, que a veces son más sabios. Hay una antropología muy descriptiva que no va al fondo de nada; la sabiduría popular puede llegar con una sola frase al corazón de las cosas. El que ama la sabiduría no puede despreciar ningún saber. En lo sagrado está el meollo de todo (y puede ser laico o no laico). Hay una enfermedad en la cultura occidental que provoca una sensibilidad cero (salvando el momento de los románticos y el comienzo de la estética, cuando se reconoció que el arte era una vía para acceder al conocimiento equivalente a la analítica). Lo racional y lo irracional dependen de una escala de valores. Si llamo irracional al mito es una ideología; justamente el mito es otra vía de conocimiento a través de imágenes, emociones, intuición.
–¿Y qué papel juega el arte en este pretendido reencantamiento del mundo?
–Todas estas vías artísticas son para significar la vida. Son cuestiones que pueden sacudir como un rayo, ligadas a la zona de lo supra sensible. Hay momentos de cierta sensibilidad que nos acechan y quedamos como encantados; juegan aquí memoria y sensibilidad. Para dar un ejemplo, todavía estoy emocionado por un hecho de acción colectiva de mujeres, que se desnudaron en Buenos Aires bajo la consigna “Femicidio es genocido”. Fue un acto potente aunque efímero, porque con gran imaginación recurrieron al arte y crearon una bomba de sentidos. Se tomaron el trabajo artístico de entrar en el corazón del sentido y cuando esto sucede el concepto es tan fuerte que te hace llorar. La vida se sostiene por lo sagrado, que no necesita de los dioses porque es una epifanía de la fuerza vital.
Perfil
Adolfo Colombres
Nació en 1944, en Tucumán. Narrador, ensayista y abogado, hizo estudios en filosofía, literatura y antropología. Publicó novelas como Viejo camino del maíz (1979, llevada al cine), Portal del paraíso (1984), Territorio final (1987), Sacrificio (1991), Tierra incógnita (1994) o La estirpe de Kedoc (2004). Es autor de novelas y ensayos como La hora del bárbaro, Teoría transcultural del arte, Celebración del lenguaje, Seres mitológicos argentinos y otras. Ha recibido premios nacionales e internacionalAdolfo es.

