¿Cómo va la vida en el cementerio?: reseña de “Vivir con nuestros muertos”
Delphine Horvilleur es periodista, escritora y una de las pocas mujeres que alcanzaron el cargo de rabina. “Vivir con nuestros muertos” se mueve entre los textos sagrados y las historias mundanas de quienes pierden a un ser querido.
Sólo tres mujeres lograron ordenarse como rabinas en Francia. Delphine Horvilleur (Nancy, 1974) es una de ellas y la última en haber logrado ejercer ese cargo e ingresar a un recinto de saberes bíblicos y acompañamiento de la comunidad judía que es, usualmente, exclusividad de varones. Desde algunos sectores ortodoxos, se le niega el rango y se cuestiona, por ejemplo, su participación en los ritos funerarios.
De esos momentos cruciales, las ceremonias dedicadas a despedir a quienes dejan este mundo, está hecho Vivir con nuestros muertos, un libro exquisito y apabullante, que combina una exploración minuciosa de los textos sagrados del judaísmo con episodios de su propia biografía y relatos cuya chispa es el encuentro con las personas que pierden a un ser querido.
Como rabina en ejercicio de sus facultades, Horvilleur participa con mucha frecuencia en esos ritos de pasaje que se experimentan en los cementerios, otorgando consuelo a quienes se quedan de este lado e intentan comprender la muerte, anegados de dolor e incertidumbre.
En el caso del judaísmo, o al menos en la lectura “abierta” que propone Horvilleur (es una de las voces más potentes del Movimiento judío liberal de Francia y activista feminista), la muerte es una incógnita tan grande como la existencia que se pierde. No hay certeza religiosa de un más allá en el que las almas de los difuntos sigan su viaje. No hay infierno, ni paraíso, ni reinserción en el cosmos o en la Pacahamama, sino una especulación en forma de pregunta. De allí que muchas de sus respuestas a la intriga sobre “lo que viene” después de la muerte sean historias, cuentos de sabiduría amarga, leyendas para que los vivos puedan seguir viviendo.
“Conforme van pasando los años, me parece que el oficio que más se acerca al mío tiene un nombre: narradora”, escribe al inicio de este viaje por la tierra de nadie, entre la vida y la muerte. Concebirse de esa manera es lo que le permite tirar de los hilos de relatos ancestrales para tejer sentidos en el presente. La rabina y escritora lo hace de una manera maravillosa, procurando que dialoguen la historia de Jacob (el personaje bíblico que luchó con un ángel) y el desconcierto de un niño que acaba de perder a su hermanito, o interpelando el castigo que recibe Moisés (privado de la Tierra Prometida) y su revuelta plenamente humana contra la muerte.
Vivir con nuestros muertos no es, en ningún sentido, un libro lúgubre. Es, sí, un libro lleno de inquietudes, tan religioso como profano. Y cargado de una sutileza cómica que le rinde honores a la existencia (a sabiendas de que la cosa no dura para siempre).
Equivocarse de entierro, seguir otro cortejo y mezclarse sin querer con otros deudos. Tentarse de risa junto con una amiga en una ceremonia fúnebre. Aprender de Myriam, una señora neoyorquina que se pasó la vida aficionada a organizar cada detalle de su funeral. Son muchos los instantes dramáticos de esta colección de relatos y derivas teológicas acunados por ráfagas de humor y emoción. Horvilleur cuenta que las personas que la conocen suelen preguntarle en broma: “¿Cómo va la vida en el cementerio?”.

- Vivir con nuestros muertos. Delphine Horvilleur. Libros del Asteroide. 192 páginas. $ 2.395

