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Cómo armar una niña kamikaze

Se busca un país pobre. Se agregan una familia sin esperanzas, varios kilos de salafismo y violencia a gusto. Se mezcla, se prepara y se coloca en medio de un mercado lleno de gente. Una receta bomba.

22 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Cómo armar una niña kamikaze
Zahra’u Babangida. Una chica que pudo escapar a su destino. (AP)

Zahra'u Babangida llegó ensangrentada al hospital de Kano, una de las ciudades más pobladas del norte de Nigeria. Caminó desde el mercado, herida, por las calles de tierra. Se tambaleó entre las construcciones de arcilla que al atardecer se doran con el sol en esa localidad amurallada. Un enfermero la vio llegar. Corrió con la camilla. Entraron a la sala de urgencias. Llegaron los médicos.Quisieron limpiarla y retirarle los harapos. No hizo falta rasgar más que una parte del vestido enrojecido para descubrir que Zahra'u, le pequeña de 13 años, llevaba alrededor de su cuerpito un cinturón repleto de explosivos. Al paraíso La historia había empezado dos meses antes, cuando sus padres la entregaron a un grupo de milicianos de Boko Haram. El bosque de Gidan Zana, donde la niña fue depositada al comando islámico, se tragó para siempre esa escena: Zahra'u seguramente llorando o paralizada por el miedo, los padres convencidos u obligados a dar a su hija por una razón para vivir, pero en especial para morir."No", dijo la joven cuando el primer terrorista le preguntó si estaba dispuesta a sacrificarse por su pueblo.–¿Ni siquiera si eso hace que alcances el paraíso? –la tentaron.–No –los desafió ella, con la fuerza de sus 13.Entonces se acabaron las sutilezas. La tentación se transformó en la amenaza de encerrarla para siempre o matarla y esconder su cuerpo para que nunca pudiera ser enterrada.Aceptó, por supuesto. Servir a su pueblo y ganarse el paraíso significaba atarse el cinturón de dinamita, esconderlo bajo el burka y volarse en pedazos, ella y todos los que pudiera, en el mercado de Kantin Kwari.La adoctrinaron junto con otras tres niñas-bomba, que entraron con ella al mercado luego de que la camioneta de la milicia las dejó a pocos metros.La más pequeña de ellas, presa de la ansiedad o los nervios –nunca se sabrá–, se detonó antes de lo pactado. Zahra'u se dio cuenta mientras la onda expansiva la estampaba contra uno de los precarios puestos de ladrillo y zinc.Lastimada, caminó hasta el hospital. "Jamás tuve la voluntad de hacerlo", les alcanzó a decir a los policías, antes de que la pusieran a disposición de un juez, en diciembre de 2014. Ni redonda ni darwiniana Si los nombres dicen todo de las personas, el del grupo terrorista Jama'atu Ahlis Sunna Lidda'awati wal-Jihad es más que elocuente. En árabe, significa "Gente comprometida con la propagación de las enseñanzas y la Yihad del Profeta".Prácticos como suele ser el sentido común de los pueblos, los residentes de Maiduguri –donde el grupo tiene su base, en el noroeste de Nigeria– lo simplificaron como Boko Haram, "Los que prohíben la enseñanza occidental".Desde 2002, estas facciones roban, matan, violan, secuestran y mutilan en nombre de una versión del islam que prohíbe a los musulmanes participar de actividades asociadas a Occidente.Valiéndose de un tradicional rechazo a la "cultura invasora" y a un Estado en permanente convulsión, el líder de Boko Haram, Mohammed Yusuf, pregonaba el fin de la democracia. De paso, negaba que el planeta fuera redondo y rechazaba la teoría de la evolución de Darwin. Fue asesinado en 2009, pero su influencia persiste.Yusuf abrevaba en las fuentes del salafismo, movimiento sunita que reivindica el retorno a los orígenes del islam y a una vida regida por las leyes del Corán.En su versión yihadista, el salafismo pregona el combate armado para liberar los países musulmanes de toda ocupación extranjera o de regímenes que ellos consideran impíos. Su misión: instaurar un Estado islámico. Esta corriente nació en la década de 1980, durante la guerra de Afganistán contra la ocupación soviética: Al Qaeda fue su sello. La nueva táctica Boko Haram es la milicia islamista que en abril de 2014 secuestró a más de 270 estudiantes en el pueblo nigeriano de Chibok. Sólo lograron escapar 50. Relataron que los terroristas las utilizan como esclavas sexuales y para cometer atentados suicidas.En marzo de 2016, dos niñas kamikazes fueron detenidas antes de que se inmolaran en la localidad de Limani, en el norte de Camerún. Una de ellas, de 15 años, aseguró ser una de las secuestradas en Chibok.Las tropas de Camerún, Chad y Níger se unieron a las de Nigeria para frenar a Boko Haram, pero la lucha no da los réditos esperados. Es justo en esos cuatro países donde, en 2015, uno de cada cinco atacantes suicidas fue menor de edad, y el 75 por ciento de ellos, mujeres, según un informe de Unicef (Naciones Unidas para la Infancia) difundido en marzo.En Camerún, la proporción fue la más alta: uno de cada dos suicidas era menor de edad (más de una veintena de episodios), seguido de Níger (17) y de Chad (2). Las cifras en otros países confirman la tendencia: son uno de cada siete en Nigeria.Lo más difícil es convencer a las poblaciones locales de que no son los niños los causantes de la violencia. Las pocas jóvenes de Chibok que lograron escapar del cautiverio están bajo la lupa de los ciudadanos, que temen estar ante potenciales "terroristas forzosas". Al trauma que vivieron tras ser capturadas por las milicias, le suman ahora el de ser el blanco de la desconfianza. "Hay que decir claramente que estos niños son víctimas, no infractores. Engañar a los niños y obligarlos a realizar ataques mortales ha sido uno de los aspectos más terribles de la violencia que sacude a Nigeria y a los países vecinos", se desespera Manuel Fontaine, director regional de Unicef para África Occidental y Central.Los jóvenes –en especial, las niñas– son la nueva táctica de choque de Boko Haram. Despiertan menos sospechas, son mucho más manipulables y no suelen ser controlados cuando entran a lugares de concurrencia masiva.Según el informe de Unicef, los niños liberados del seno del grupo armado tienen muchos problemas de "estigmatización social y discriminación en sus aldeas", así como los nacidos por una violación. Por eso muchos de ellos abandonan sus hogares y buscan campos de refugiados donde, aunque parezca increíble, se sienten más seguros.En 2015, 1,3 millones de niños fueron desplazados, 1.800 escuelas desaparecieron –destruidas o utilizadas como lugares de refugio–y más de cinco mil chicos fueron separados de sus padres a causa de la violencia. La receta La receta para modelar una niña kamikaze se completa con la paradoja de países como Nigeria, en los que el producto interno bruto –a cococho de las exportaciones petroleras– llegó a crecer por año al mismo ritmo que la pobreza (seis por ciento), que ya alcanza a seis de cada 10 nigerianos. Se agregan varios gramos de desempleo (26 por ciento), se le saca una cucharada de expectativa de vida (apenas pasa los 52 años) y se mezcla con un nivel de escolaridad promedio de cinco años.Ahora sí, todo está listo para hornear y hacer una presentación bomba.