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Unos comen menos, otros más, pero nadie queda fuera de la fiesta

Desde el barrio cerrado hasta el refugio para indigentes, la Navidad se celebra comiendo. Se sirven manjares o menudos de pollo, pero la cuestión es estar juntos.

19 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Especial)
Unos comen menos, otros más, pero nadie queda fuera de la fiesta
Hogar Casa Félix. Anoche, los residentes ya hornearon las pizzetas que comerán como entrada (Javier Cortéz/La Voz).

Cada año, la cena de Nochebuena ratifica la sana costumbre de reunirse alrededor de una gran mesa familiar. En teoría, el 24 de diciembre es la fecha de mayor simbolismo, porque celebra el espíritu que rodea al nacimiento de Cristo. La realidad es más prosaica, y se traduce en la importancia central del festín de Nochebuena. Lo que quede, será reaprovechado para el almuerzo de Navidad.

Los estudiosos aseguran que la práctica comensal, además de antiquísima, está impresa en la iconografía cristiana. Durante su breve existencia Jesús participó de reuniones gastronómicas, probablemente más frugales que las de ahora. Pero en el contrastante mundo actual, mucha gente vive en la pobreza y se conforma con compartir un plato, un pan y un vaso de vino. Estar acompañado es el ingrediente más importante del menú navideño.

Comprar y cocinar. ¿Cómo se preparan las familias cordobesas? En un típico barrio cerrado de clase media alta, los Villalba no piensan dejar de comer bien y abundante. Pero este año se organizarán mejor. El clan está compuesto por Luis, Esteban, Ignacio, Aquiles y Maggi, con sus respectivos descendientes. Pasarán Nochebuena en un chalé de Tejas del Sur.

“Discutimos qué iba a llevar cada uno, para no superponernos”, resume Carolina (31), esposa de uno de ellos. A menudo se inclinan por el lechón, el pavo o el tradicional asado de vaca, cuya cocción corre por cuenta del varón “al que le toque este año”. Las mujeres se ocupan de entradas y guarniciones: huevos o tomates rellenos, copa de paltas y langostinos, champiñones grillados y ensalada Waldorf. Bebida: champán rosado y extra brut.

Todo muy lindo, y con seguridad triunfará el deseo de pasar un rato agradable. Es la ocasión propicia para ponerse al día, para conocerse o reconocerse. Sin embargo, en todas las clases sociales subsiste la clásica reyerta previa, motivada por quién pone la casa y lavará los platos.

La interna de siempre. “Esta vez dije ‘basta’… que alguna de mis cuñadas abra la suya y cada cual se lleve su parte como quien va a un pícnic, con vajilla incluida”, confía Matilde (50). Vive en una modesta casa de cooperativa en Los Olmos; tiene padres, hermana, marido y una extensa familia política. Dice estar cansada de que “invariablemente” decidan festejar en su domicilio, quizá porque ella no tiene hijos. Bebida: clericó y sidra.

Varones cocineros. "Lo que más extraño de esta fecha y de mi infancia, es a mis abuelos y las cañitas voladoras y los cuetes que nos enseñaban a tirar o explotar", reconoce Fernando Perasso. Este contador Perasso cree que, antes, la Navidad era "más fiesta" que comida, y que ahora es al revés. Antes se bailaba en la calle, la diversión era generalizada y duraba hasta la mañana.

Con una sonrisa, admite que el progenitor actual tiene que acostumbrarse a la “rotación” de novios o parejas. Ni él ni su señora se hacen problema, razón por la cual el número anual de comensales se mantiene unos 20. Hombre de esta época, en la que los varones cocinan, ha hecho cursos de gastronomía. Se encarga desde las provisiones hasta la presentación de los platos. Empieza por el Mercado Norte, la feria o el súper, selecciona el abadejo y los ingredientes del vittel toné y las colaciones para agasajar a su familia. Bebida: “margaritas”, vino tres cuartos, champán. Dan ganas de preguntarle si no acepta a un colado.

Solos, pero acompañados. Eduardo Cuevas (42) es médico, soltero, con guardias para las Fiestas. "Por suerte contamos con un amigo con casa en Alta Córdoba, con un patio enorme", se alegra este anestesista del Neonatal. "Mario se encargará de todo, hasta de armar algún presente para cada uno". Son más de 30, los que terminan reuniéndose bajo una parra fraterna. "No nos preocupamos mucho por lo que vamos a comer", reconoce. Comparten gastos y los pagan religiosamente. Bebidas: todas.

En el Hogar Casa Félix, de barrio Pueyrredón, unos 16 adultos varones configuran el clásico caso de abandono. “No nos quejamos, al contrario, porque la gente es muy buena y contribuye”, sostiene el encargado Jorge Ríos. El menú principal consistirá en menudos de pollo con papas fritas.

Les han donado las papas, pan dulce, budines, golosinas y alguna botella para el brindis. La entrada consistirá en pizzetas caseras, horneadas por ellos mismos. Bebida: agua y gaseosas. El alcohol lo tienen vedado, pero se permitirán brindar con un vaso de vino. La Navidad es una sola.

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