Temas del día:

Una historia de inseguridad y solidaridad en medio del caos

Pasajero y conductor de un remise quedaron varados en medio de la tormenta. Sufrieron un arrebato pero enseguida obtuvieron ayuda.

01 de febrero de 2012 a las 12:01 a. m.
Una historia de inseguridad y solidaridad en medio del caos

Una historia de inseguridad y solidaridad se escribió el lunes en barrio San Martín, cuando las calles aún continuaban convertidas en verdaderos ríos de agua embarrada. Uno de los protagonistas de este caso fue Omar, un hombre vecino de barrio Villa Cabrera que todos los lunes, miércoles y viernes debe ir al hospital Italiano para someterse a sesiones de diálisis. Hace unos años, a causa de la diabetes debieron amputarle una pierna, por lo que para movilizarse necesita que lo pasen a buscar en remise, un Volkswagen Gol Country.El auto que siempre lo lleva, este lunes se demoró más de lo normal, ya que era una odisea transitar por la ciudad en los momentos posteriores a la feroz tormenta que se abatió durante la siesta. El reloj ya marcaba más de las 16.30 y, aunque la lluvia había aplacado bastante, gran parte de las calles estaban anegadas por completo.Cuando Omar se sentó en el asiento de atrás, con el conductor dialogaron por dónde ir. Ambos desecharon el camino acostumbrado por Costanera, ante el alerta que difundían las radios.

Tomaron por las calles de barrio San Martín, y pese a la cantidad de árboles y postes caídos, además de restos de techos de chapa desparramados por todos lados, no tuvieron mayor dificultad hasta que, por calle Pinzón, a la altura del Polideportivo Carlos Cerutti, se la vieron complicada.

El agua no dejaba distinguir entre calle y vereda, pese a lo cual el conductor creyó poder continuar. Sin embargo, a poco de intentar pasar por allí, con el agua superando la altura de las ruedas, el motor del auto se apagó."El agua no nos llevaba el auto, pero parecía que flotábamos", recordó Omar.Fue entonces que aparecieron otros dos protagonistas de esta historia, los malos de la película. Dos muchachos se acercaron con el agua casi hasta la cintura y pidieron "unos mangos" para empujar el vehículo.

Sin embargo, cuando amagaron con hacer fuerza, uno de ellos introdujo un brazo por una de las ventanas y arrebató una cartera en la que Omar llevaba insulina, el medidor de la glucosa, remedios y documentos. Tras ello, huyeron y dejaron otra vez al auto a la deriva.Pasaron unos minutos, con los dos ocupantes quietos arriba del vehículo sin saber qué hacer, cuando llegó una camioneta del Comando de Acción Preventiva (CAP) que era conducida por una mujer policía, la sargento Andrea Ferdec, y en la que iba como acompañante otro efectivo varón.

Se acercaron para retarlos: le dijeron al conductor del remise que debían abandonar el vehículo, ya que allí corrían peligro. Al explicar el hombre que llevaba un pasajero discapacitado, la mujer policía no lo dudó. Se bajó y le ordenó a su compañero que debían empujar el vehículo averiado.Así, los dos policías y el conductor del remise, todos con el agua hasta la cintura, empujaron al Gol durante casi 50 metros, hasta que llegaron a bulevar Los Andes, donde el agua no era un inconveniente para continuar. Allí, como el auto no arrancaba, la sargento tomó las llaves del remise y, tras dos intentos, logró ponerlo en marcha.

Y no fue todo. Preguntó a dónde iba, y al enterarse de que Omar debía estar en el Italiano para no perder su sesión de diálisis, llamó a sus compañeros por radio y averiguó cuál era el camino más seguro para indicarles por dónde ir.