Una denuncia de abuso no es un acto impulsivo, sino muy pensado, aseguran especialistas
Psicólogas expertas en atención de víctimas de delitos sexuales explican el proceso que lleva adelante una persona antes de ir a la Justicia, qué ocurre cuando hay una asimetría laboral y por qué un caso suele destapar otros, anteriores.
Una mujer que denuncia un abuso sexual no tiene un acto impulsivo. Lo ha pensado muchas veces. “Ir a realizar la denuncia es un reposicionamiento de la víctima, que siente que ya puede pedir que se haga justicia sobre esta situación, que tuvo un trabajo interior previo sobre las dudas que tiene sobre el qué dirán, si le creerán o no, el miedo y la vergüenza”, explica Noé Hinny, psicóloga jurídico forense, especializada en abuso sexual.
Tuvo que vencer, en particular, el miedo, porque siempre hay una asimetría de poder entre acosador y abusado, plantea la profesional. “Así sea en un ámbito familiar o en uno laboral se trata de una posición de dominación, en el que la víctima queda atrapada en el deseo del otro”, dice Hinny.
“La relación de poder favorece que se coloque al otro en una posición de aprendiz, de iniciado, y que le cueste más ver las intenciones últimas de quien se va a convertir en su abusador. Y si es respetado y valorado, mucho peor. Hay gente que ha trabajado tres o cuatro años con su abusador y recién la ha abusado después de todos esos años y la persona se ve avasallada, porque no lo esperaba. Queda sobrepasada por el impacto”, apunta, a su vez, Inés Arrascaeta, también psicóloga, también especialista en abuso sexual.
“Muchas veces el poder del victimario actúa así no lo vea nunca más, porque sigue actuando sobre el psiquismo de la víctima. En los abusos crónicos se genera una sensación de sometimiento muy a largo plazo, en el que la víctima siente que va a venir una venganza. Por eso, el hecho de la denuncia tiene un componente terapéutico per se, de que alguien te va a escuchar, alguien te va a creer y se sale del no puedo, nadie me va a ayudar”, plantea Hinny.
El caso del abuso sexual en un contexto laboral tiene sus particularidades. Arrascaeta las describe de este modo: “El abusador va haciendo un proceso muy lento de acercamiento, de simpatía, como que va preparando el terreno. De a poco va construyendo y confundiendo a la otra persona con sus intenciones, que lo pintan como una amistad muy cercana. Hasta que llega el abuso, que es antes que nada un abuso de poder, porque tiene que ver menos con lo sexual y más con la manipulación y el poder sobre la víctima. Eso es lo que les da placer a un abusador sexual. No es el acto como tal, sino el poder manejar al otro, controlarlo. Es lo que les da más el goce, diríamos los psicólogos, que en sí la parte sexual como tal”.
No todas las víctimas pueden enfrentar el proceso judicial. En la infancia, tienen que atravesar instancias de alto estrés, como una Cámara Gesell, pero en todas las edades tienen que revivir la situación para contribuir a la investigación, que no puede obviar los detalles.
“De alguna manera tiene que revivir la situación y sabe que devela algo de la intimidad, porque piensa que puede ser juzgada, y a menudo tiene un conflicto de lealtades. A la víctima, el proceso, por más cuidado que esté en Córdoba con las unidades judiciales y fiscalías especializadas, no le es un tránsito tranquilo”, apunta Hinny.
Arrascaeta aborda, puntualmente, qué ocurre cuando la víctima se entera de que su victimario ha sido denunciado por otras. “En el caso de adultos, les da, por un lado, enojo, ira, de por qué no lo denunciaron a tiempo, capaz que el caso de ellos no hubiera ocurrido, o el de otras personas, que es uno de los motivos por el cual se hace la denuncia, por la agresión física, psicológica que vos has sufrido, pero también para que esta persona no vuelva a repetir el hecho. Aunque todos sabemos que las personas que tienen estas características, que han cometido este delito, siempre lo reiteran”, dice la psicóloga.
Pero el efecto mayor es de alivio, de sentir que se valida su propia experiencia, de la que incluso han llegado a dudar. “Las víctimas sienten que no están solas, y eso les da cierta paz en avanzar en todo lo que es jurídico”, resume Arrascaeta. “Funciona como un alivio y una validación de su propia experiencia, ver que ya ha sido denunciado les da el valor suficiente para hacer una nueva denuncia”, agrega Hinny.
Muchas veces el abusador sexual reincide. Es un comportamiento típico. De allí a que sea muy común que un caso “destape” otros, algunos muy anteriores.
Mientras tanto, la impunidad es muy dañina. “Es como si no hubiera ocurrido lo que ocurrió, es como que la sociedad estuviera diciendo no, no fue así como dijiste o mentiste. Desde el punto de vista psicológico, lo que más le interesa a la persona es que crean en su palabra. Es la primera premisa que nos enseñan los viejos maestros, como Hilda Marchiori”, analiza Arrascaeta.
“Lo primero es creerle a la persona. Es mínimo, te diría que no es ni un 1% en todos los años que yo vengo trabajando de gente que se haya inventado una historia. Y siempre hay tiempo para separar la paja del trigo y nos enteramos, en el mismo trabajo, si no es algo real”, enfatizó la especialista.

