Una colección para conocer historias del país profundo
"Argentinos del Bicentenario" comenzará a entregarse con la revista Rumbos desde el domingo 16.
En estos días, en los que cada vez cobran más intensidad los ecos que se levantan para celebrar los dos siglos de existencia nacional, hay todavía muchas más voces que tienen algo que contar: sus propias historias de vida, su manera de vivir en un lugar y en un paisaje. Son los argentinos del presente, los que en cada rincón de nuestra inmensidad geográfica construyen los días de hoy y los que vendrán.
Esas historias comenzarán a contarse desde el domingo 16 de mayo: ese día la revista Rumbos incluirá la primera entrega de "Argentinos del Bicentenario", fascículos coleccionables insertos en el interior de esa publicación y auspiciados por Tarjeta Naranja. La obra, que dedicará un capítulo a cada provincia y que podrá luego encuadernarse, reúne imágenes captadas por un equipo de fotógrafos del diario La Voz del Interior y textos del periodista Alejandro Mareco. Habrá además un capítulo con historias de la Antártida, por Héctor Brondo.
Vidas y lugares. Mientras el atardecer es cada vez más débil para contener el desplome de la noche, Edith trata de afinar su oído hacia el bananal. "No, no escucho el tractor", dice. "A veces se queda hasta entrada la oscuridad". Y la oscuridad ya entró: no tiene sentido salirlo a buscar por el bananal porque las plantas son más altas que el tractor.
Pero antes de que las sombras aplasten aparece Pedro Bonaruck, el viejo maestro convertido en agricultor que extiende su mano firme e invita, de inmediato, a tomar una cerveza. El calor comienza a aliviarse en los alrededores de Palo Santo, en Formosa.
"Nosotros hemos tratado de defender nuestra identidad. Se han ido perdiendo muchas cosas: la lengua, las comidas, pero hay algo que no se ha perdido, el sentimiento hacia la Pachamama". Miguel Siare, cacique colla, lo dice especialmente emocionado por que faltan minutos para el desentierro del Carnaval en San Antonio de los Cobres, Salta. Es el 23 de febrero y dentro de uno de los galpones del viejo ferrocarril, junto a un montículo de piedras blancas que marca una de las apachetas del pueblo, hay un hoyo cavado en la madre tierra que espera las ofrendas: hojas de coca, vino, licor de menta, licor de café, licor de y hasta Coca Cola.
Para encontrar historias como éstas, hubo que atravesar caminos de ripio, autopistas, senderos polvorientos, seguir más allá del final de las huellas, para alimentar los relatos. Al pie de cerros, a orillas de lagunas, entre la espesura de montes, a orillas del mar y de los ríos, en los corazones urbanos y en tantos otros lugares donde laten corazones argentinos, fueron surgiendo los relatos que ayudan a retratar y, sobre todo, a descubrir la gente de los distintos rincones que hacen a la inmensidad de la patria.

