Un ajuste forzoso que duele hasta en el estómago
Con la actual coyuntura inflacionaria y posdevaluatoria y con la pérdida de poder de compra de los salarios, muchos trabajadores debieron ajustarse el cinturón hasta en las comidas.
Con la actual coyuntura inflacionaria y posdevaluatoria y con la pérdida de poder de compra de los salarios, muchos trabajadores debieron ajustarse el cinturón hasta en las comidas que consumen durante su jornada laboral. Cada vez se come menos, y peor, con el único afán de cuidar el alicaído bolsillo, a veces a costa de la salud. Hay empleados que ya ni comen el menú diario en el restaurante cercano, o que lo dosifican porque pasó a ser un "lujo" que atenta contra la economía familiar. Otros llevan viandas desde sus casas, para ahorrar. Y hay quienes sólo ingieren criollos o galletas porque no llegan a fin de mes. "Prefiero que coman mis hijos; yo me la banco", confiesa un vendedor que trabaja en una concesionaria de autos donde se desplomaron las ventas y, por ende, sus comisiones.Además, las mayores exigencias laborales condujeron a resignar tiempos de descanso y almorzar a las apuradas. Algunos llegan al extremo de comer algo mientras atienden cuestiones del trabajo, cuando lo aconsejable es salir a despejar la cabeza. La nutricionista Silvia Cassain recomienda "disfrutar fuera del ámbito laboral una vianda casera bien preparada", pero admite que hoy se tornó normal "chatarrear" y comprar menús de mala calidad, baratos. El recorte forzoso llegó y duele más en la panza.

