Tan grave que se oferte como que se consuma
La pornografía infantil es una afrenta social, pero hay quienes la consumen y están dispuestos a pagar fortunas.
A veces hay cosas de las que nunca querríamos enterarnos, pero lamentablemente forman parte de nuestra realidad. La apuesta informativa de hoy refleja cuán vigentes están la producción y el consumo de pornografía infantil en Córdoba.Como bien dice el periodista Héctor Brondo, autor de la nota, es una sórdida industria que crece con sigilo.La Justicia cordobesa recibió en lo que va del año 50 denuncias relacionadas con la distribución de material pornográfico que involucra a niños, tal como se refleja en las páginas 3 y 4 de esta edición.La pornografía infantil está penada en nuestro país, pero los expertos señalan que es un delito muy difícil de perseguir, dado que la mayoría de los proveedores de servicios de Internet no tienen locación en Argentina. Eso conspira a la hora colectar de una manera más ágil las pruebas que circulan por la Red.Pero más allá de la afrenta social que significa la oferta de contenidos pornográficos con niños, lo grave es que hay alguien que lo consume y que está dispuesto a pagar fortunas.Y el sórdido registro de "calidad" del material de pornografía infantil está en proporción a la perversidad, dice uno de los especialistas consultados en el informe. Combatir estas prácticas no sólo depende de una actualización de las leyes vigentes, también va de la mano de la educación.En ese sentido, el Área de Cibercrimen de la Justicia provincial trabaja con el Ministerio de Educación de Córdoba en la elaboración de material didáctico para abordar el tema en el aula.En la página 5, Marcela Scarafía, psicóloga y magíster en Neurociencia, alerta sobre el abordaje temprano que deben recibir las víctimas de la pornografía infantil. Y advierte sobre el riesgo de que algunos se inclinen a repetir estos actos, no ya como víctimas, sino como victimarios.No es una noticia grata, lector, pero es la realidad.

