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Si una mujer sale de casa, otra tiene que entrar

Ciertos temas deben ser abordados en forma periódica. Rosa Bertino.

18 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino
Si una mujer sale de casa, otra tiene que entrar

Ciertos temas deben ser abordados en forma periódica. La memoria es débil como la carne y ambas tienden a olvidar las lecciones que les propina la vida. "Nunca, lo que se dice nunca, hay que hablar bien del marido ni de la empleada, porque seguro que te están 'engañando'", filosofa con amargura una profesional, esposa y madre. "En cualquier momento, se van con otra", remata con voz enronquecida, no por el aguardiente o el quitapenas, sino por el polvo acumulado en muebles y alacenas. La infidelidad es lo de menos, coincide el resto. Qué le hace una mancha más al tigre. Lo que la gente no olvida (ni perdona) son frases como éstas: "No sabés lo divino que es, me trae el desayuno a la cama, se levanta a pasear al 'picho'…" / "No sabés lo divina que es, me prepara el desayuno, se levanta a regar las plantas…". Esos elogios son saboreados como pancito caliente por las congéneres; que son las peores, para qué negarlo. Los tipos están demasiado ocupados con ser los responsables de un 50 por ciento del lamento. Por ser buena… "Eso te pasa por ser tan buena", reprochan las amigas. "A mí nunca me dejó mi marido, porque no tengo, pero me plantó la 'muchacha'", afirmó un exponente de la fuerza medianamente joven y universitaria. Alguien pregunta quién la dejó a la "Consu" esta vez, y por quién. No se sabe qué es peor, si que se haya ido el cónyuge o la Fermina. Pues se trata de ésta, una riojana silenciosa que se ocupaba de la limpieza y los niños. Dicen que partió al domicilio de una bioquímica, que la cortejaba desde hace rato. "¿Cómo hago yo ahora, que marco tarjeta a las 7?", solloza la abandonada. "Pero tu marido no tiene que salir tan temprano…", insinúa una vocecita, acallada por miradas sarcásticas. "El feminismo nunca previó que, si una mujer quiere salir de la casa, otra tiene que entrar", exclaman las presentes, como si acabaran de descubrir la pólvora o el lavarropas semiautomático. Fuerte demanda. El pedido de auxilio genera un intercambio de teléfonos y referencias. Contra lo que mucha gente piensa, el dato más valorado por el sexo femenino tiene que ver con el servicio doméstico. Como siempre, pedimos perdón a la fallecida Sarita, fundadora del Sindicato del Personal de Casas de Familia (Sinpecaf), por llamarlas así. "Doméstico es un animal", refunfuñaba. Cómo ha progresado ese sindicato. Hasta podríamos decir que es de los pocos que todavía se ocupa del "trabajo" y no sólo de pedir aumentos. Funcionan bolsas de trabajo en el Sinpecaf; en El Tropezón o en las monjitas de calle Derqui. La demanda excede a la oferta, en especial para cama adentro. Son un artículo de primera necesidad. Ese rubro supera incluso a otros de sórdidas connotaciones. "Sexo y hogar son profesiones ejercidas por mujeres", observa una voluntaria, sin ironía. Conviene poner todas las fichas en esta fuerza laboral, porque el riesgo es mucho menor y ya nadie es prisionera del lampazo. Ni siquiera de los afectos.