Sacrificio y pasión, claves del oficio del feriante
Nelson Enríquez y Víctor Hugo Ludueña son dos de los puesteros con mayor antigüedad en las ferias de la ciudad de Córdoba.
Nelson Enríquez y Víctor Hugo Ludueña son dos de los puesteros con mayor antigüedad en las ferias de la ciudad de Córdoba.
Ambos están desde 1981 y tienen asistencia casi perfecta.
Enrique despacha frutas y verduras en la feria, 1 y Ludueña explota el mismo rubro en la 2. La rutina de trabajo de uno y otro es parecida.
La jornada laboral comienza a las 4 de la madrugada. Luego del desayuno, parten con los trastos para armar la parada en el barrio que les toque ese día y la camioneta o el camión repletos de cajones con mercadería.
Tienen a partir de las 6 (por ordenanza municipal) para acomodar todo y a las 8 arrancan la atención al público. “Los clientes más fieles vienen temprano y los ocasionales y más jóvenes, a partir de las 11”, dice Ludueña.
Los mercados callejeros más familiares y populares son los de San Vicente, General Bustos, Alto Alberdi y San Martín y los más concurridos por “la muchachada” y los estudiantes, los de Crisol (entre Ituzaingó y Buenos Aires) y Rondeau (entre Balcarce y Tránsito Cáceres de Allende), ambos en Nueva Córdoba, aseguran los feriantes.
A las 14 finalizan las ventas y en la hora posterior levantan las cosas, higienizan el lugar (por lo general los vecinos se quejan por la limpieza) y regresan al punto de partida.
“En mi caso descanso un rato y me voy al Mercado (de Abasto) a comprar la mercadería para el otro día”, comenta Enríquez.
Ludueña, en cambio, a veces pasa de largo hacia el complejo abastecedor de la ruta 19. “Este oficio no es para cualquiera. Uno se sacrifica mucho, pero lo hace con pasión”, dice Ludueña.

