Rodrigo está feliz y dice que no necesita nada
Es escolta del Ipem N° 2, con promedio de 9. Los fines de semana recoge cartones con su mamá en el carro y vende pastelitos. Su historia conmovió a los cordobeses, que mostraron su solidaridad con el adolescente. “Pastelito”, el carrero escolta de su escuela.
Rodrigo Pereira (14) todavía no sale de su asombro. Ayer fue la tapa de nuestro diario –que se ganó por el esfuerzo y las ganas que le pone al estudio y a la vida– y le llovieron donaciones y muestras de afecto y de aliento. Rodrigo, conocido también como "Pastelito", es el escolta del Ipem N° 2 República del Uruguay, pero además se gana la vida vendiendo pastelitos de batata y membrillo en la escuela y en el barrio y acompaña a su mamá, los fines de semana, a recoger cartones y botellas en el carro con su caballo por las inmediaciones de la avenida Fuerza Aérea."Mucha gente me llamó para darme ropa, zapatillas. Un señor me ofreció harina, masa para los pastelitos", cuenta Rodrigo. En la nota, "Pastelito" contó que a veces no podía hacerlos con su mamá porque la plata no les alcanza. Rodrigo está contento. Pero cuando le preguntamos qué necesita, dice que "nada". En realidad, la familia, de 10 integrantes, sobrevive con poco, aunque con mucho esfuerzo, en una pequeña casa de plan social en barrio Ciudad Parque de Las Rosas, un vecindario en el que confluyen exhabitantes de asentamientos precarios erradicados hace unos años de las inmediaciones de la ruta 20."Mis papás están orgullosos. Están contentos", dice Rodrigo. Y se queda sin palabras. En realidad, no se imaginaba el aluvión solidario que desataría su historia que reprodujeron otros medios de Córdoba y del resto del país.
SU HISTORIA. "Pastelito", el carrero escolta

Sólo en la página web de
La Voz del Interior
, la nota de Rodrigo había sido compartida más de 7.300 veces, ayer a las 4 de la tarde. Y se viralizó en las redes sociales.
“Mis compañeros me escribieron cartas esta mañana (por ayer). Me decían que era bueno el esfuerzo que hago para poder terminar el colegio”, asegura.
Los cordobeses se solidarizaron de inmediato. Le ofrecieron insumos para elaborar los pastelitos, zapatos, ropa de abrigo y libros. Gente de todos los sectores sociales se emocionó con la historia y llamó para dar una mano.
“Me llamó una chica de una empresa para donarnos mercadería para que hagamos bizcochuelos y pasta frola para vender”, contó Estela, su mamá.
Marcelo, su papá, y Estela están superorgullosos de lo que han logrado con esfuerzo. Durante años sobrevivieron y criaron a sus hijos con lo que recogen en la calle. Hoy, Marcelo también trabaja en un country . “Cortamos la primera página del diario para mostrársela a los patrones de mi marido”, contó Estela, feliz por su hijo.
Premio al esfuerzo
De 10. A Rodrigo le gustan los talleres de construcción, de mecánica y de electricidad. El primer trimestre del Taller de Construcciones concluyó con promedio de 10. "Me gusta venir al colegio", apunta.
El carro. "El caballo lo tenemos hace como un año; y el carro, medio año. Vendimos uno para pagar las cuentas de la casa. Debíamos dos mil pesos de agua y la pagamos con lo que nos dieron por el carro y luego compramos otro", cuenta Rodrigo.

