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Roberto Chuit: En Argentina se subestimó la situación

Considera que el aislamiento evita la propagación del virus. Entiende que el problema más serio es que se está infectando el personal de salud.

21 de abril de 2020 a las 12:01 a. m.
Roberto Chuit: En Argentina  se subestimó la situación
Roberto Chuit, director del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas. (La Voz/Archivo)

El Instituto de Investigaciones Epidemiológicas fue el primero en alertar de Argentina sobre la existencia de un virus en China que podía expandirse globalmente. El director es el cordobés Roberto Chuit, que pertenece a esa institución desde hace unos 30 años e interrumpió su participación cuando ocupó cargos públicos en la Provincia, entre ellos, como ministro de Salud entre 2001 y 2006.

Chuit defiende las acciones de aislamiento para prevenir la propagación del Covid-19, pero entiende que debieron tomarse antes.

Epidemiólogo, Chuit está alejado de la política partidaria (fue candidato a intendente de Córdoba por el justicialismo en 2007) y sólo matiza su actividad médica con un emprendimiento vitivinícola.

–¿Cuál es la situación del mundo y de la Argentina a cuatro meses de la aparición del virus?

–Este virus de alta transmisibilidad, pese a que la mitad del mundo está en cuarentena, ha producido dos millones de infectados y más de 100 mil personas fallecidas. Si se lo hubiera dejado a su libre circulación, hubiese sido una pandemia como la que se llamó “la gripe española”, a principios del siglo pasado. En 120 días ya está en todo el mundo y satura los sistemas de salud por la tecnología que requiere para la atención, con síntomas que no están siempre presentes. Es decir, muchos infectados que no lo saben, pero que infectan a otros.

–Ustedes fueron los primeros en advertir en la Argentina sobre la presencia de este nuevo coronavirus en China.

–Nosotros formamos parte de una red de alertas epidemiológicas en el mundo. Hacia fines de diciembre del año pasado, saltaba que había una enfermedad desconocida. Se especulaba que fuera un nuevo brote de Sars y recién se informó a mediados de enero que era un coronavirus.

–¿Cómo reaccionó la Argentina? ¿Se tomaron a tiempo las medidas sanitarias?

–En Argentina, como en algunas otras partes del mundo, se subestimó la situación. En enero, hablábamos con muchos profesionales y se relativizaba el tema como una gripe más. El país no estableció algunas alertas, en un contexto de información muy lábil que había. El virus llegó el 3 de marzo con un pasajero que venía desde Italia. El sistema comenzó lentamente a reaccionar, pero los casos se duplicaban cada dos o tres días. Fue recién allí cuando se cerraron escuelas y se recomendó el distanciamiento para grupos de riesgo, algo que veníamos proponiendo hacía un tiempo. Una cosa es trabajar con pocos casos y otra es hacer intervenciones cuando el virus se está transmitiendo comunitariamente. Por eso, la cuarentena temprana permite reducir el número de infectados y de fallecidos. Hay que mirar el caso de Brasil.

–Se desató una polémica por las comparaciones de casos que usó Alberto Fernández con los países vecinos y se reactualizó el tema acerca de si los test que se hacen acá son suficientes.

–Uno debe plantear el trabajo con las herramientas que tiene. En estos momentos, los elementos para el diagnóstico son escasos. Pero hay que ver en qué momento debo hacer los test. Está claro que en Argentina hay más personas infectadas que las que están diagnosticadas, pero ese ya es un dato suficiente para mantener la cuarentena estricta. En epidemiología no nos manejamos con un solo dato, sino con varias referencias. El número de fallecidos es un dato duro. Y ese número nos dan referencias muy similares en relación a tasas de población con países vecinos. Físicamente, no podemos testear a toda la población, pero hay que ver cuántos estudios hacemos por cada positivo. Acá, el problema más serio es que se están contagiando los equipos de salud.

–¿Y ante esto qué hay que hacer?

–Todo paciente atendido por personal de salud debería ser tomado como población de riesgo. Este virus nos obliga a pensar en forma diferente un montón de intervenciones.

–¿Hasta cuándo hay que mantener las medidas de aislamiento y cómo se puede flexibilizar o administrar?

–Desde la epidemiología, lo que planteamos es que hay que salir con precauciones de la cuarentena. Hay áreas donde no hay circulación viral, no hay interacciones con otras zonas y podrían salir de la cuarentena estricta manteniendo el distanciamiento físico, el lavado de mano y el uso de cubrebocas. Y hacer un seguimiento de esas zonas. Si hacen las aperturas, hay que tener un sistema de salud vigilante, que las personas de riesgo se autoaíslen y estar atentos a la evolución de casos. Hoy es necesario extremar las medidas de seguridad en el sistema sanitario.

–Ya se habla de una nueva normalidad para cuando salgamos de la pandemia. Y que recién comenzaría a darse cuando sea de alcance masivo o global la vacuna para el Covid-19. ¿Qué plazos estima?

–En tiempos regulares, una vacuna suele estar en un año o en un año y medio. Pero ante este virus no se puede hacer con esa regularidad. Hay que hacer los ensayos y ver si hay inmunidad necesaria. La única experiencia de una vacuna que se lanzó apenas terminados los ensayos fue ante una epidemia de meningococo C en la década del ’60 en Brasil. No creo que haya una vacuna antes de un año. Puede haber antes tratamientos para mejorar la condición de salud para pacientes graves. En 120 días, ya hay tratamientos, vacunas provisorias. Pero estamos ante un hecho excepcional.