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Sin control, los chicos usan sus casas como boliches

Los fines de semana hay entre tres y cinco fiestas privadas. Pagan entradas desde 20 pesos y tienen acceso a barra libre.

22 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
María Laura Ferrero (Corresponsalía)
Sin control, los chicos usan sus casas como boliches

San Francisco. Una nueva tendencia de diversión juvenil está en expansión en San Francisco: los fines de semana algunas casas quinta ubicadas en barrios alejados del centro se transforman en verdaderos boliches bailables.

Grupos de jóvenes -de entre 14 y 18 años- organizan fiestas privadas que incluyen música y barra de bebidas. Según ellos, son una opción "más económica" que ir a un boliche o pub y, además, quedan al margen de los controles de los padres, la Policía y el municipio. A pesar que la ley prohíbe el consumo de alcohol a menores, en estos ámbitos privados no hay control alguno.

"En las quintas tenés más libertad para hacer lo que quieras y nadie te jode. Si llega a caer la Policía se apaga la música y listo, y te vas para el centro", contó César, de 17 años. "Una vez cayeron los inspectores municipales y nos clausuraron el lugar. Agarramos el vino que había sobrado y nos fuimos a la casa de un amigo hasta que llegaron los padres", acotó.

Estos eventos conservan algunos de los rasgos que tenían décadas atrás los "asaltos", pero adquirieron una logística más sofisticada y generalmente sin ninguna intervención de los adultos.

Antes, un compañero del curso ponía la casa bajo la vigilancia de sus padres, pero ahora usan las viviendas que algunas familias tienen para pasar los fines de semana. También se adoptó la modalidad de alquilar casas que están desocupadas. Según pudo conocer este diario, el costo del alquiler por una noche puede variar de 400 a 500 pesos y los barrios más elegidos son Maipú, Las Rosas y El Prado.

Bajo la denominación de "Joda Loca" o "Gran Joda" se las convoca abiertamente durante toda la semana. "Antes colgábamos la invitación en Facebook, pero como es público, la \'cana\' se metía y nos caía siempre", relató Camila (16). "Entonces -continuó- ahora se pasa el dato por mensajes de texto y a veces tenés por chat o mail".

La adolescente explicó que las entradas se venden de manera anticipadas y se adquieren los viernes a la tarde en una estación de servicios o en quioscos predeterminados. Los precios varían de 15 a 20 pesos y los organizadores realizan una lista de invitados que ellos mismos se encargan de controlar en la puerta. "El más grandote del grupo hace de patovica, pero siempre es un lío cuando entrás porque va mucha gente", señaló Antonella, de 17 años, quien aseguró que con sus amigas prefiere ir a estas fiestas antes que a un boliche.

Diversión garantizada. Nagu (18) cursa sexto año del colegio secundario y responde que "estas jodas" son diversión garantizada y que uno de los atractivos es la barra libre.

"Con la entrada pasás y adentro podés tomar todo lo que vos quieras", contó el muchacho a este diario. "En algunas hasta te podés preparar tu propio trago", agregó.

Las bebidas que más corren son jarras de vino con coca y cervezas. Las que están mejor organizadas ofrecen ferné y aperitivos con gaseosas. Y varios citaron el trago armado con vodka y jugos en polvo. "La idea es comprar barato para que tengamos más de tomar. Y vamos a los súper chinos, para conseguir mejor precio", aseguró el joven que suele participar en la organización.