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Condenado a 12 años por un femicidio en Calamuchita

El hombre admitió haber matado a su esposa, en la comuna de Las Caleras. Pero en este caso se admitió un atenuante y no se aplicó la nueva ley que fija pena de perpetua para este delito.

05 de diciembre de 2014 a las 10:26 a. m.
Corresponsalía
Condenado a 12 años por un femicidio en Calamuchita
FEMICIDIO EN LAS CALERAS. María Cristina Bustos tenía 33 años cuando la asesinaron el 8 de marzo de 2013, paradójicamente en el Día de la Mujer.

Río Tercero. Por unanimidad, la Cámara del Crimen de Río Tercero condenó este jueves a 12 años y tres meses de prisión, por homicidio agravado, a Luis Eduardo Toledo (51), por un crimen ocurrido el año pasado en la comuna de Las Caleras, del departamento Calamuchita. El acusado reconoció haber asesinado a su esposa, María Cristina Bustos (33), el 8 de marzo de 2013.

La mujer murió por las numerosas puñaladas que padeció.

El tribunal, integrado por jurado popular, hizo lugar a lo solicitado por la defensa del imputado respecto a un atenuante en la pena. El letrado Javier Genesio planteó en su alegato que debía absolverse al sospechado porque actuó bajo emoción violenta en una complicada relación de pareja que supuestamente se vio desmejorada por el ACV (Accidente Cerebro Vascular) que padeció el imputado que lo dejó con más de una secuela. A la vez, expuso que de aplicarse una pena se contemplaran ocho años de prisión.

En un principio, el caso llegó a los estrados judiciales con la imputación de homicidio agravado por el vínculo, mediando violencia de género. Esos femicidios, por una reciente modificación legal, se condenan con perpetua.

En los alegatos, el fiscal de Cámara Horacio Vázquez entendió que no hubo emoción violenta pero que tampoco se trató de un caso de violencia de género. Inclinándose por la atenuante pidió 14 años de prisión.

Antes de conocer el veredicto, el acusado entre sollozos reiteró su arrepentimiento pero pidió que se hiciera justicia. Poco después, su hija mayor, Ivonne Toledo, pidió declarar y le imploró al jurado que no aplicaran perpetua porque en ese caso además de perder a una madre también se quedaría sin un padre. Pero a renglón seguido pidió que su padre pagara por lo que habría hecho, acto que tildó como de una locura.

La mujer fue ultimada en su lugar de trabajo: el dispensario comunal de Las Caleras, en el sur del departamento Calamuchita.