Refugiados sirios e inmigrantes bolivianos
Los comentarios de la mayoría de los lectores sorprenden por la dureza con la que plantean sus ideas de política migratoria.
Es extraño lo que sucede cuando se reaviva la polémica por los inmigrantes y las consecuencias de que sean nuestros vecinos en un mundo cada vez más globalizado. Donald Trump no inventó nada al azuzar los temores más ocultos de la gente sobre la inseguridad y el desempleo, que nacen en el miedo al otro. Temores que, de conocerse mejor los datos de la realidad, no existirían.No es casual que estos discursos aparezcan en campaña, o cuando se quieren evadir responsabilidades por lo que no hizo antes, o por lo que no se está haciendo ahora.Los comentarios de la mayoría de los lectores sorprenden por la dureza con la que plantean sus ideas de política migratoria, sumamente restrictivas.Muchos de esos lectores son los mismos que condenan a la hoguera a la Unión Europea por no hacerse cargo de los refugiados que escapan de la guerra de Siria o de la miseria de África.Sin embargo, los criterios cambian cuando se trata de quien "ocupa nuestros empleos", o quien se queda con "los turnos en nuestros hospitales".Más allá de las leyes que contemplan los derechos de esos inmigrantes –algo bien descripto en las páginas 4 y 5 –, ¿no rige un principio humanitario cuando alguien que está un poquito mejor puede ayudar al otro?Eso, más allá de que cuando se analizan las cifras de atención a pacientes extranjeros en hospitales, las de la población carcelaria o las de la ocupación laboral, los porcentajes casi siempre son proporcionales a la parte que tales sectores representan en el total de la población.Sobran los argumentos para notar algunas contradicciones. Desde los medios de comunicación nos debemos una reflexión sobre el tema: ningún discurso es inofensivo y, si bien las expresiones xenófobas no provocarán que la gente salga a quemar inmigrantes, sí horadan ciertas creencias que van mermando derechos, tanto hacia los inmigrantes como en toda la sociedad.

