Receta bien macha de la familia argentina
Ella no se sienta al lado de él. Él la acusa de perjudicarlo. Ella lo desprecia por rico. Él a ella, por arribista. Al otro no lo invitan a la ceremonia. Edgardo Litvinof.
Ella no se sienta al lado de él. Él la acusa de perjudicarlo. Ella lo desprecia por rico. Él a ella, por arribista. Al otro no lo invitan a la ceremonia. Y él se queja de que nadie lo llama. Ella acusa a los contreras. Los contreras no la quieren. Muchos no la quieren a ella; tampoco a los contreras.
Él es del otro club. En el trabajo se cargan, en el bar discuten y en la cancha se matan a pedradas.
Uno se fue del partido, y desde entonces no se hablan. El otro ordena a sus concejales trabar la gestión.
Uno dice que piensa en la gente. El otro sólo quiere ganar más. Ninguno logra todo lo que quiere, pero ambos perjudican a los demás.
Los mejores organizan una manifestación. Los otros mejores, la contramarcha.
Ella es pública; él privado.
Muchos creen que las fechas patrias deberían sacar lo mejor de nosotros, que son una oportunidad para la unidad tan anhelada. Y se amargan porque, al contrario, las antinomias encuentran aquí renovada fortaleza. Como si tuviéramos miedo de admitir, al fin y al cabo, los resortes de nuestra verdadera naturaleza.
Más mejores. La discusión sobre quiénes y qué somos tiene en las últimas semanas una variante típica: la de la polémica por el matrimonio entre personas del mismo sexo.
La marcha realizada el martes en Córdoba, organizada por entidades católicas y evangélicas, se manifestó "en defensa del matrimonio entre varón y mujer".
En primer lugar, uno se pregunta si el varón y la mujer casados -o de novios- necesitan de alguien que los defienda. ¿Defenderlos de qué? Imaginemos que la ley se aprueba: ¿obligará eso a que un matrimonio heterosexual revea sus inclinaciones y decida si quiere seguir casado o bien probar otra cosa? ¿Impedirá que un hombre y una mujer a punto de casarse den marcha atrás en la decisión?
-¿Acepta por esposo a Juan?
-Mmm no sé. Ahora que se legalizó el matrimonio gay, no estoy tan segura. Es que yo soy muy respetuosa de la ley.
Otra de las consignas de esta gente es "proteger a la familia". ¿De qué familia hablarán? ¿Ingalls, Simpson, Adams, Benvenuto, Soprano, Falcón, Catwright, Argento, Picapiedras o Flanders? ¿Cuál es la familia tipo? ¿Cuál es la más normal? ¿Es la más común? ¿La que prescribe una religión? ¿Cuál de ellas?
Es cierto que la libertad de expresión permite que todos se manifiesten, a favor y en contra de la ley. Sin embargo, no queda claro si la discusión se puede plantear de la misma manera en ambos casos. Es que una parte basa su reclamo en una cuestión de derechos (pide la igualdad de todos, en este caso para el matrimonio), y la otra se recuesta en una cuestión de valores (como quiera uno describirlos: religiosos o sociales, obsoletos o actuales, buenos o malos).
Volviendo al principio, difícil que encontremos un futuro mejor sin meter el dedo en esa esencia tan compleja, esquizofrénica, enmarañada -y a veces tan oscura- con la que chocamos este Bicentenario.

