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Razones por las cuales cargamos tanta bronca

¿Somos el país de la bronca? Probablemente sí, o así nos mostramos.

24 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
Razones por las cuales cargamos tanta bronca

A   Damián Szifrón le ha ido bárbaro en el Festival de Cannes. Relatos salvajes cosechó elogios y es firme candidata a un premio mayor. Buena noticia por donde se la mire, dado que no es fácil que una película argentina cuente algo, ese algo se entienda y además entretenga.

En este caso, parece que se entendió clarísimo. Para el crítico de The Guardian (que no le pone cuatro estrellas a nada, salvo que sea Eisenstein resucitado), esos relatos son como las caras de un gran prisma nacional.

La pulsión que los une e identifica es la "bronca". Usó el término original, destacando su procedencia del lunfardo rioplatense. ¿ Is Argentine a bronca nation ?, se pregunta el inglés.

¿Somos el país de la bronca? Probablemente sí, o así nos mostramos.

Sin filtro

La violencia aflige más que la desocupación y la escasez. Quienes vuelven al país, tras haber vivido en México, Ecuador e incluso España, lo perciben de inmediato.

No recordaban que fuéramos tan agresivos en la calle, en la tele y en varias radios. Notan que ya no hay filtros, y que la grosería y el insulto están incluso estimulados. Las maestras de primer grado se asustan por las palabrotas y ademanes. Obvio que el chico los saca de algún lado.

Podríamos aducir que los pueblos hispanoamericanos son atentos y bien hablados, pero con estadísticas vitales aún peores que las nuestras. Basta con ver las cifras de bullying , suicidios, femicidios y hasta de linchamientos en Bolivia, Chile, Uruguay o México.

Y ni hablar de Brasil, aunque no es hispana. Quiere decir que la cosa no pasa por la genética. Pero lo que en algunas naciones era parte de su idiosincrasia o su fatalidad histórica, en Argentina se ha instalado como fenómeno incontrolable.

Es verdad que los medios masivos, y ciertas conductas públicas, contribuyen al mal humor. Los conductores y panelistas televisivos intercambian barbaridades. Los Casella, Vernacci, Rial y Ventura se comportan como auténticos matones.

Un periodista “de investigación” sube a recibir un premio cargando un bidón de nafta. Las manifestaciones callejeras hartan al más pintado. Las redes sociales son un foco séptico: “Eliminala, a esa guacha, eliminala (de Facebook)”, le decía una adolescente a otra, consultando el celular.

Desparejos

Todo indica que, a mayor desproporción económica, más violencia social. Durante mucho tiempo, Argentina fue un país parejito. Ahora, según la ONG Techo, hay dos millones y medio de personas viviendo en unas 1.835 villas o asentamientos. Son datos de 2013. Ese mismo año, igual cantidad de turistas viajó al exterior. Hay algo que no funciona y en parte explica tanta bronca flotando en el ambiente. Pero no justifica que nos agarremos entre nosotros.