Qué pasa detrás de cada femicidio
La Asociación Con Voz analiza la problemática sobre la base de datos de 2019. Algunos de los puntos son el comportamiento del femicida y la situación de las familias.
- La Asociación Con Voz analiza la problemática sobre la base de datos de 2019.
- Algunos de los puntos son el comportamiento del femicida y la situación de las familias.
“Me mandé una cagada”, es la frase que muchos femicidas usan para describir a una persona de confianza lo que acaban de hacer. “Esa ‘cagada’, como si sólo fuese algún error más en la vida de alguien, significa la muerte de tu amiga, tu vecina, tu mamá, tu hermana, tu hija”, indica Gimena Giraudo en el informe anual sobre femicidios de la Asociación Con Voz, por una vida sin violencia.
La organización –donde trabajan alrededor de 20 personas– realizó un estudio en el que analiza distintos aspectos de los femicidios en la provincia de Córdoba durante 2019. Además de las cifras, analizan la problemática a partir del contacto con los familiares de las víctimas y el estudio de las causas judiciales.
La Asociación Con Voz contabilizó un total de 20 femicidios entre enero y diciembre, de los cuales 18 fueron femicidios directos y dos vinculados. Una de las 20 víctimas estaba embarazada al momento del femicidio y 15 eran madres.
Del informe también se desprende que en nueve casos las mujeres tenían hijos en común con el femicida y en ocho de los 20 femicidios hubo niños testigos del asesinato.
En cuanto a las denuncias previas, sólo hubo en ocho de los 20 casos, en tres había una orden de restricción y una sola de las víctimas contaba con botón antipánico.
“La estructura machista que sostiene la violencia contra las mujeres muchas veces destruye sus posibilidades de salir del ciclo violento”, agrega Giraudo en el estudio en relación con el bajo porcentaje de víctimas que había denunciado a su agresor (40%).
Desde la Asociación, que cuenta con 30 años de experiencia, afirman que el hombre violento “reprime con fuerza a la mujer que se atreve a denunciarlo, llegando incluso a lograr que esa denuncia no sea rectificada”.
“Sin dudas, el proceso judicial en algo está fallando aquí. ¿Acaso no hay conocimiento del ciclo de violencia en el que una mujer en estas circunstancias se encuentra?”, interpelan. Luego, recuerdan cuál es el ciclo de la violencia: primero, el victimario se ocupa de socavar la autoestima de la mujer; luego, la aísla de sus afectos.
“Todes (sic) sabemos que un día ella se encontró sola y con sus hijes (sic) en riesgo, con un violento que los usa como motivo de extorsión. Y que ese día en que ella juntó coraje para salvar su vida, al regresar él nuevamente le prometió cambiar”, afirma Giraudo.
En muchos casos, el hombre acaba hasta con su propia vida y, de este modo, ese femicidio seguido de suicidio “comienza y termina cuando él quiere”, indican. Con esa decisión, la investigación judicial queda trunca, ya que al no existir un culpable la persecución de la acción delictiva por parte del Estado “queda extinguida”.
El informe completo, que será presentado en un simposio de la organización, incluye un análisis sobre distintos aspectos de la violencia. Uno de ellos es qué pasa con las sobrevivientes de femicidio, es decir, víctimas que lograron salvar su vida ante un ataque, con el análisis de la presidenta de Con Voz, PaulaVallejo Bittar.
La situación de las familias de víctimas de femicidio es abordada por la abogada Melisa Oviedo. Otros aspectos que analizan son los femicidios en adultas mayores, por Ruth Ahrensburg (fundadora de la organización); el análisis de la vida de los y las hijas de la víctima, por Yamilé Dip; la distribución geográfica, por Melisa Severina, y la responsabilidad del Estado, por Brenda Zulpo.

