Temas del día:

"Perón hablaba de columna vertebral, pero jamás le cedió la cabeza a la CGT"

El histórico dirigente gremial del Sutiaga recuerda sus comienzos en el sindicalismo, el Cordobazo y el rebusque a puro bandoneón.

07 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
"Perón hablaba de columna vertebral, pero jamás le cedió la cabeza a la CGT"

De noche se ganaba la vida tocando el bandoneón en la orquesta Rítmica Nobel, de Las Varillas. De día, era empleado de una fábrica de alimentos de esa localidad y le daba una mano a su papá cuidando las vacas y sacándoles la leche en el modesto tambo familiar. De niño fue peón rural en Carrilobo, su pueblo natal. Quizá eso explique por qué, a los 83 años, su memoria aún conserva frescas las marcas rudas de la faena del labriego. "Casi todo de lo poco que sé lo aprendí rompiéndome el lomo en el campo, en las fábricas o en las luchas que dimos con mis compañeros para defender nuestros derechos laborales; nunca pasé ni por la vereda de la Universidad. Sólo tengo hecha la primaria". Con este comentario abre la charla José Erio Lumello, dirigente histórico del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria de Aguas Gaseosas y Afines de Córdoba (Sutiaga). Es uno de los pioneros de esa organización gremial. –De músico a delegado fabril, ¿cuál fue la razón de ese cambio de rumbo? –Siempre me apasionó el bandoneón. Cuando estaba aprendiendo a tocar con Elpidio Apendino, en Las Varillas, lo cubría con una colcha para que no retumbara tanto cuando ensayaba a la madrugada, porque mis compañeros me puteaban porque no los dejaba dormir. Pero creo que había nacido con vocación gremial, la que le ganó la pulseada a la de artista cuando entré a trabajar en una fábrica de soda en Villa María.Ese antecedente –cuenta– coincidió con la época en que la alianza entre Juan Domingo Perón y la Confederación General del Trabajo (CGT) se había consolidado y dominaba la escena política argentina. Por caso, cuando Perón fue reelegido presidente, en 1952, un tercio de los diputados que ingresaron al Congreso de la Nación era de extracción gremial y actuaba en bloque. Una de las leyes emblemáticas de ese período legislativo es la 14.250, que estableció los convenios colectivos de trabajo."Había una ebullición política y gremial muy fuerte. Por eso me jugué y empecé con la actividad gremial dentro de la fábrica, primero, y después, cuando se instaló la embotelladora de Coca Cola en Villa María, a organizar el gremio en la zona", explica sus primeros pasos en el terreno sindical. –¿Tuvo problemas en el trabajo cuando asumió ese desafío? –Todo lo contrario. Mi empleador, don Pedro Bertolucci, jamás me impidió que realizara las tareas de organización gremial. Era un patrón fuera de serie, al que quiero rendirle un homenaje desde acá. Él consideraba, como yo, que los trabajadores son el capital más valioso de un país y por eso nos respetaba y nos trataba muy bien. Lo que lamento de aquella decisión es que tuve que vender el "fuelle" (lo señala y sonríe). –Lo hizo para no arrepentirse. –Lo vendí para comprarme una moto porque, en una asamblea, me habían nombrado delegado general de la zona y me pidieron que organizara el sindicato en Bell Ville, Marcos Juárez, Leones... Necesitaba algo para moverme. Lo lamenté mucho porque me gustaba de alma tocar el bandoneón. Además, me rebuscaba unos "mangos", que más de una vez me ayudaron a pagar el alquiler. Del sindicato a la cárcel En junio de 1964, Lumello asumió como secretario general del Sutiaga, cargo que ejerció de manera ininterrumpida hasta diciembre de 1978, luego de pasar un año en la cárcel como preso de la dictadura militar. –Se acaban de cumplir 42 años del "Cordobazo", ¿cómo lo recuerda? –El movimiento obrero de Córdoba tenía la virtud de no pedirle autorización a nadie ni de aceptar sugerencias de la Capital Federal a la hora de tomar decisiones. Éramos libres. Por eso, cuando (el presidente de facto Juan Carlos) Onganía quiso sacar el "sábado inglés" (único día en que la jornada laboral se reducía a la mitad), empezó a intervenir los sindicatos y a reprimir las huelgas, acá se organizó esa protesta histórica. Y como todos sabemos, el Cordobazo es obra de dirigentes como (Agustín) Tosco, (Elpidio) Torres, (René) Salamanca, el "Negro" (Atilio) López, pero también de los estudiantes y de la mayoría del pueblo que salieron a respaldar la movilización sin temor a la represión tremenda de la dictadura.La consecuencia inmediata de esa rebelión popular fue la caída de Onganía y, cuatro años después, el regreso del peronismo al poder, tras casi dos décadas de proscripción.En las elecciones generales del 11 de marzo de 1973, Lumello fue elegido diputado nacional por Córdoba como candidato del Frene Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli). Ocupó la banca hasta la disolución del Parlamento, tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 que dio paso a la más cruenta dictadura de la historia argentina. –¿Cómo ve al movimiento obrero en la actualidad? –Creo que está bien conducido, aunque a veces a (Hugo) Moyano se le va un poco la mano con la presión. Aunque es cierto que si no tenés capacidad de presión, los empresarios no te aflojan un mango. Lo que sí, le recordaría a Moyano que Perón decía que los sindicatos eran la columna vertebral del peronismo, pero jamás les cedió la cabeza.Lumello vive en barrio Quebrada de las Rosas, en la misma casa de un conjunto de 100 viviendas que el Sutiaga construyó hace 45 años para sus afiliados, cuando él era secretario general.