"Pensé en ayudar haciendo lo que más me cuesta: cocinar"
Natalia Saad, voluntaria de la Hospedería Padre Alberto Hurtado. Fue la tarea que pidió al empezar su voluntariado, hace nueve años.
Hace nueve años que Natalia Saad (32) es voluntaria de la Hospedería Padre Alberto Hurtado, que asiste a hombres en situación de calle. Natalia se enteró de este voluntariado cuando estudiaba Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba. "Me cruzaba a la Compañía de Jesús y en una misa nos explicaron que estaban por abrir esta hospedería y que necesitaban voluntarios para hacer acompañamiento a los hombres en situación de calle", relata. Ella confiesa que, a pesar de que nunca le gustó cocinar, se anotó en el área de cocina. "Lo hice como un desafío personal, pensé en ayudar al prójimo haciendo lo que más me cuesta. Pienso que así como tuve que aprender algo que me cuesta mucho, las personas que están en situación de calle también tienen que aprender a dejarse ayudar", reflexiona."La Turca" como la llaman en la hospedería asiste desde hace nueve años todos los jueves de 18 a 21 y considera este espacio como prioritario en su vida. "Cuando buscaba trabajo, siempre pedí que me dejen este día libre para venir a la 'hospe'. Ahora tengo un estudio jurídico y también estudio psicología pero puedo organizarme bien con los horarios", aclara. En la hospedería intentan que la estadía de las personas sea transitoria. "Tratamos que los que asisten no se aferren a este lugar y que puedan retomar sus vidas. No obstante intentamos que sientan que aquí tienen una familia y que esta es su casa", asegura Natalia. Algunos han perdido sus vínculos familiares y deambulan solos por las calles y plazas. Es muy reconfortante cuando se enteran que alguien encontró a un familiar que no veía hace muchos años. "Don Fritze encontró a su hijo que estaba viviendo en La Plata. Pudo rehacer su vida y regresar con su familia", cuenta. Fue ahí cuando Natalia dimensionó la importancia de tener un lugar, un teléfono para localizarlos. "Porque no es lo mismo que estar en la calle", advierte.Confiesa que venir a la hospedería le ayuda a cambiar su estado de ánimo cuando viene de una jornada tediosa de trabajo. "Por ahí llegaba con un humor horrible y después regresaba con una felicidad inmensa a mi casa. Y un año que no pude asistir por razones laborales sentí un vacío que no podía llenar", reconoce.

