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"Pareciera que Carlos Paz tiene como política el buen humor"

Jimena Garrido, estudia las obras de teatro de la villa y sus lazos con el teatro independiente. Sostiene que la tristeza se cuela en esta "industria de la alegría".

29 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
"Pareciera que Carlos Paz tiene como política el buen humor"
Formación. Jimena es historiadora y realiza el doctorado en Antropología, pero siempre le gustó el teatro (José Hernández/La Voz).

En alguna función, Matías Alé la confundió con una asistente y le dio una crema antes de salir al escenario. Para Jimena Garrido explorar el teatro de Villa Carlos Paz es una experiencia única. Y claro que lo es. Su trabajo es el primer intento de estudiar con una mirada científica este fenómeno artístico. Jimena es becaria de Conicet en el doctorado en Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba. –¿Por qué decidió estudiar el teatro de Villa Carlos Paz? –Al principio intenté comparar diferentes tipos de teatralidades de Córdoba: teatro independiente, oficial y el de Carlos Paz. Resultó ser un proyecto muy grande, por lo que decidí estudiar solo el teatro de Carlos Paz porque no hay ningún estudio científico sobre él. No es el teatro deseado por los intelectuales, por lo que nunca fue visto como un objeto de estudio. –¿Qué estudia de todo lo que puede incluirse dentro del concepto "teatro de Carlos Paz"? –Intento reconstruir "los mundos del arte", es decir, todas las actividades cooperativas necesarias para que un evento artístico suceda. Hay una red de actividades, algunas no artísticas, que no siempre están visibles pero que son indispensables para que suceda el hecho artístico. Lo que más se ve son los artistas, pero están los empresarios, productores, técnicos, público, diseñadores, carpinteros, músicos y un largo etcétera. Trato de reconstruir esa red y ver las negociaciones y conflictos que se tejen entre ellas. La idea es ver diferencias y continuidades con otras teatralidades. –¿Qué continuidades observó con otros teatros? –Se piensa al teatro de Carlos Paz como completamente diferente al que se muestra en las salas independientes de Córdoba, pero no es así. Por ejemplo, ambos apuestan a un teatro no representacional, donde el actor y el personaje se desdibujan, no desaparece el actor detrás del personaje. Los actores de las obras de Carlos Paz, antes que personajes son Miguel del Sel, Flor de la V y otros. De la misma manera, las obras en Carlos Paz son una superposición de escenas sin que haya un inicio, conflicto y resolución. No tienen un mensaje claro al igual que el teatro no representacional, que tampoco quiere contar una historia para evitar el lugar de explicarle todo al espectador tonto. En el teatro de Carlos Paz tampoco se quiere dar un mensaje, sino que quiere que la gente la pase bien. –¿Cuál fue la obra que más le gustó del verano pasado? –Tuve sensaciones raras. Fui a ver El gran show . Comienza con bailarinas tropicales que anuncian una gran fiesta. Me sentí que había algo que me llamaba a la alegría, aunque yo estaba allí con ojos de investigadora. Pensaba que esa no era mi manera de diversión, pero no fue así. –Además de ver las obras, estuvo en los camarines. ¿Qué pudo observar? –Hay un sistema de producción muy activo. Maquinistas, artistas, asistentes de vestuario y de maquillaje, entre otros. Mucha coordinación y un ritmo frenético. –El teatro de Carlos Paz es diversión y alegría. ¿No hay lugar para la tristeza? –Sí. Antes Carlos Paz se ofrecía como un lugar de descanso. Un sitio para reponer energías. Luego se transforma en un lugar de entretenimiento. Pero la tristeza se cuela por todos lados, más allá de los planes e intenciones. –¿Cómo? –Lo que el público puede experimentar con la obra dentro del teatro y con lo que sucede fuera del teatro excede a cualquier plan. Pude recuperar historias de vida que están cruzadas con la tristeza. Algunos espectadores después de ver una obra lloran. –¿Pero dentro del guion de la obra hay lugar para la tristeza? –En muchas obras hay un espacio de reflexión. Los actores detienen el argumento y conversan en "otro tono". Se ponen "sensibles". Algunas obras intentan dar un mensaje y se ponen serios. Pero a lo mejor al público eso le da gracia. –Como sucede en otros ámbitos, la felicidad avanza sobre más espacios y trata de ocultar la tristeza. –Hay una industria de la alegría que nos invita a pasarla bien y a estar contentos. Pareciera que Carlos Paz tiene como política el buen humor. Pero también es un conflicto cómo alegrarnos. De hecho, los sujetos del teatro lo discuten para saber cómo lograr una obra exitosa, pero nadie encuentra la fórmula. No está la política de instalar la tristeza en el escenario, pero a veces llega y entonces hay que hacer algo con ella. La tristeza no desaparece y funciona como amenaza del mundo que se intenta construir.