Or, de un kibutz a un restaurante en barrio Güemes
Facundo Barzel nació en Israel,cerca de la Franja de Gaza. Es hijo de padre argentino y se casó con una cordobesa. Es chef y hace un año y medio que vive y trabaja en Córdoba.
"Como yo crecí en un kibutz con tanta cultura argentina, no me sorprendió tanto cuando vine a los 12 años a visitar a unos familiares. Sí me sorprendió la primera vez que me vine con 'Jose' (Josefina, su mujer) a Córdoba, lo linda que es… Una provincia tan conectada con la naturaleza". Or Facundo Barzel (33) nació en Israel pero parte de su sangre es argentina. Su padre es de Concordia, Entre Ríos, y su madre, israelí. Hace un año y medio que está en Córdoba, con sus dos pequeños hijos (uno israelí y otro cordobés) y un flamante restaurante en la frontera entre barrio Güemes y Nueva Córdoba."Nací en Israel, en un lugar chiquito que se llama Or-Haner, un kibutz de sudamericanos; la mayoría son argentinos, hay un poco de chilenos y brasileros. Mis abuelos son argentinos", cuenta.En Córdoba, Or ("luz", en hebreo) usa su segundo nombre, Facundo (en honor a Facundo Quiroga). "Crecí en ese pueblo hasta los veintipico, trabajé, ahorré un poco y decidí estudiar gastronomía", cuenta en "Late", el restaurante que abrió con otros socios. Es chef.Or estuvo a punto de estudiar en Londres, pero un amigo le sugirió viajar a Buenos Aires. Y se anotó en la escuela del Gato Dumas. "Por un lado, estudié algo que me gusta, que es la cocina, gastronomía. Por otro lado era muy completo el programa: vinos, tragos, cocina, panadería, todo. Me encantó", relata.Se alojó en casa de sus primos, durante dos años, de 2006 a 2008. En Buenos Aires conoció a Josefina Spollansky, cordobesa, hoy su mujer y madre de sus niños: Marom Oliverio (3) y Aura Maayan (cinco meses).En 2008, la pareja viajó a Israel. "Nos fuimos a Jerusalén, vivimos ahí seis años, ella terminó un master y yo trabajé en gastronomía. El último trabajo fue en un hostel internacional, como jefe de alimentos y bebidas", explica Or.En 2014, decidieron mudarse a la Argentina con la idea de armar un proyecto. Josefina viajó unos meses antes que Or. Al tiempo abrieron el restaurante en una vieja y bella casona de Achával Rodríguez. "Tardó un rato la obra y abrimos por fin el 15 de julio. Estamos muy contentos… Nació la bebé, nuestra segunda hija, hace cinco meses, justo una semana antes de que abriéramos. Se llama Aura Maayan (agua de manantial). Bebé, restaurante, vida nueva, todo junto era ¡guau! Unos seis meses muy interesantes. Siguen siendo. Por eso estamos acá y nos gusta mucho. Estamos acomodándonos de a poco a la vida en Córdoba", refiere. "La vida en el kibutz en Israel era hermosa, porque vos vivís en un lugar chiquito y conocés a todos (...) Cambió mucho todo el estilo, la forma que tenían los kibutz en Israel; antes era muy socialista en la forma de compartir", recuerda Or. Un rincón argentino Los kibutz surgieron como comunidades agrícolas, de vida comunitaria, que tuvieron un papel central en la creación del Estado de Israel. "Hay actividades culturales, un comedor enorme donde se junta la gente, hay como un club chiquito, eran muy colaboradores todos. También en la forma económica... Pero la vida en el kibutz era muy tranquila, linda, verde, mucha libertad", asegura. El kibutz Or-Haner se encuentra en el sudoeste de Israel, a cinco minutos del mar, a una hora del centro de Tel Aviv, en la costa del Mediterráneo y a una hora de Jerusalén. Cerca del norte de la franja de Gaza."En Israel mi educación era mixta. Se hacían asados de fin de semana; es realmente muy argentino", subraya.Los abuelos argentinos de Or emigraron jóvenes, con la creación del Estado de Israel. "Fueron para allá con toda su cultura y empezaron una vida nueva. Pero muchas cosas quedaron. ¿Fútbol? ¡ni hablar! Partidos de Argentina eran como partidos de la selección nacional. Lo más loco es que a cinco kilómetros hay un kibutz de brasileros. Siempre la pelea de los niños era 'nosotros somos los mejores'. Vivís en otro lado pero la cultura influye", piensa.Or cuenta que su padre es fanático del rock nacional argentino. "Escuché cosas que ahora escucho con los chicos en la cocina… En casa siempre estaba presente la música. El chamamé de Corrientes también, por mi tío", sonríe. Sentir como inmigrante "Me siento inmigrante acá, sin duda. Y me parece que va a pasar un rato. Le pregunté a mi papa, después de 30 años en Israel, y me dijo que después de muchos años, muchos, te empezás a sentir menos inmigrante. Pero hace casi un año y medio que estoy en Córdoba. Van a tener que pasar muchas cosas que me van a hacer sentir más de acá. Tengo toda la energía en el lugar donde estoy presente y mis niños viven acá, mi familia también. Pero hay otro lado que queda presente", plantea.

