Nuestra propia degradación
¿No pudieron anticiparse los organismos dedicados a estas problemáticas? ¿Nadie arrimó un dato o una sospecha a entes judiciales o estatales, al municipio, a grupos religiosos o sociales, que se ocupan de las familias más vulnerables?
Otra vez, el espanto debió hacerse tan evidente para generar reacciones, cuando toda una comunidad hasta naturalizaba los indicadores de marginalidad. "Siempre pasa: cuando salta una situación así, nos damos con que todos dicen que la veían, pero nadie denunciaba nada", apuntó una funcionaria judicial. ¿No pudieron anticiparse los organismos dedicados a estas problemáticas? ¿Nadie arrimó un dato o una sospecha a entes judiciales o estatales, al municipio, a grupos religiosos o sociales, que se ocupan de las familias más vulnerables? Que la escuela no haya intervenido, con la mirada de los docentes sobre los menores, completa la condena que estas tres hermanitas de Villa Dolores viven desde que nacieron. Como con otras desgracias similares en cualquier punto del mapa, se evidencia que la miseria no sólo genera víctimas del hambre o del hacinamiento, sino también del desamparo en todas sus formas. Y asombra cómo asistimos a nuestra propia degradación, sin registrarla.
*Especial

