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Murió Víctor Manuel Infante, el "señor de los museos"

El legendario director del Tejeda falleció ayer, a los 95 años. Su inmenso legado cultural es parte del patrimonio intangible de Córdoba.

23 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Especial)
Murió Víctor Manuel Infante, el "señor de los museos"

No es fácil redactar el obituario de Víctor Manuel Infante. Muchas cosas quedarán afuera, aunque seguirán latiendo en cada resquicio de la peatonal de Independencia y cada campanada de la Catedral. El patriarca de los museos de Córdoba, y de Argentina, falleció ayer a los 95 años. Se murió de vejez. A mediados de año, cuando la Academia del Plata lo designó miembro emérito, don Víctor ya no salía de su casa. "Mientras me quede quieto, la muerte no se percatará de que todavía estoy vivo", nos confesó entonces, con su habitual picardía. Pero sabía que el engaño no se prolongaría eternamente. Pocas personas han tenido una vida tan larga y tan ancha. Pocas se han granjeado sólo amigos, en un mundillo tan complejo como el cultural. Es que él perteneció a una generación irrecuperable, la del artista que era parte del pueblo, que iba a trabajar en tranvía y charlaba con quien se le cruzara. Así fue como conoció y convivió con José Malanca, Ernesto Farina, Carlos Camilloni, Enrique Mónaco y tantos otros. Bohemia y después. La modesta residencia del ceramista español Fernando Arranz, exiliado del franquismo y refugiado en el Parque Sarmiento, era uno de los sitios de encuentro de aquella bohemia cordobesa. "No podíamos charlar, porque los leones metían una bulla bárbara …", recordaba don Víctor. Pero ahí nomás aclaraba que para él la soltería se terminó, y por completo, el día que se casó con Argentina Ríos Ceballos, más conocida como "Bochita". Don Infante fue, por sobre todas las cosas, un hombre fiel. Fiel a sus convicciones; a su familia; a su hogar en Fragueiro 1415 (Alta Córdoba); a su amado Museo Tejeda. Con esa esposa y en esa casa, donde nacieron María José y María Silvina (Tatona), pasó más de 60 años. Estuvo 35 al frente del Museo de Arte Religioso, en Independencia y 27 de Abril, del cual se retiró en 2006, cuando su salud ya no daba para más. Entre él y Monseñor Francisco Primatesta habían montado la maravillosa colección original, en la casa del primer poeta de Argentina, Juan de Tejeda. La inauguraron en 1968, y pronto se convirtió en uno de los museos más visitados y recomendados de nuestro país. Buena parte de su gestión fue ad honorem , lo cual resultaba bastante paradójico. Pero contribuyó a hacer de Infante la leyenda que lo sobrevivirá. Anécdotas. Profesor de Bellas Artes y notable autodidacta, con Víctor Infante desaparece una de las máximas autoridades en arte colonial hispanoamericano. Su conocimiento era inagotable, dotado de un fervor didáctico poco común. Las anécdotas que rodean su prolongada gestión lo pintan de cuerpo entero. Años atrás, un turista europeo reconoció haber vivido una experiencia inédita. "Yo visito museos con frecuencia, pero nunca me pasó que el director, su señora y su hija me llevaran hasta la esquina y me dijeran 'ahora mire desde acá, porque verá todo de otra forma'", comentó asombrado el visitante. Para don Infante, la solariega casona de Tejeda, frente a la Catedral, era una pieza que merecía ser admirada en sí misma. Efectivamente, quien se cruce a la plaza San Martín y observa la casa desde allí, tendrá un panorama totalmente distinto. Son igualmente célebres las anécdotas de cordobeses escasos de tiempo que le esquivaban a don Víctor. Apenas los veía, éste los chistaba y los hacía entrar para contemplar la última adquisición. Como sostienen Mónica Gorgas, Juan Manuel Bergallo y varios colegas y académicos, "pocos han tenido una mente tan abierta y un sentido tan dinámico de lo que es un patrimonio cultural, y cómo atraer al público". Más que el director del museo, él era el alma. A pesar de las buenas intenciones, el Tejeda no es el mismo desde que se fue Infante. En la actualidad sigue cerrado "por reformas", y el presbítero Carlos Ponza reconoce que "no hay fecha cierta de reapertura". Como si se hubieran extrañado mutuamente, y les costara adaptarse a nuevos rumbos. Pero el año que viene se reabrirá, sin duda. No hay duelo que dure 100 años. Cuando se reabra, las visitas guiadas deberán contemplar los itinerarios preferidos del "viejo" Infante, como se llamaba a sí mismo. Por ejemplo, recorrer la centenaria galería, contemplar las florcitas del patio y, desde un rincón, avistar los techos.