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Los niños de Sacchi volaron alto

Los chicos de la escuela municipal César Romero se subieron por primera vez a un avión, invitados por LAN. Viajaron a Buenos Aires y visitaron la cancha de River. Los maestros creen que es una gran oportunidad.

20 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Los niños de Sacchi volaron alto
El primer vuelo. Doce alumnos de sexto grado de la escuela Romero disfrutaron su “bautismo”. Hubo emoción, alegría y algunos mareos (Ramiro Pereyra/LaVoz).

Lucas España (11) apoya la cara en la ventanilla del avión y lo observa todo. El vuelo de LAN 4201, del pasado jueves, rumbo a Buenos Aires todavía no despega de la ciudad de Córdoba y Lucas no deja de mirar. Para los restantes 158 pasajeros es un viaje más, pero para Lucas y sus compañeros de la escuela municipal César Romero, de barrio Sacchi, es su "vuelo de bautismo", su primera experiencia en el aire, como las que vieron en las películas.A algunos les duele la panza y a otros los ilusiona ver el mundo desde arriba de las nubes. "Estoy feliz", se escucha.Lucas confiesa que tiene miedo, antes que el piloto dé la bienvenida a los presentes y, en especial, a los chicos de sexto.Los alumnos Braian Castro, Benjamín Castro, Lucas España, Santiago Giménez, Yuthiel Moreno, Javier Peralta, Agustín Rodríguez, Facundo Sereno, Uriel Torres, Ludmila Allende Medina, Natalí Sánchez y Rocío Sosa, la maestra Fernanda Juncos y la directora, Gabriela Cafferata Nores, aplauden el mensaje del capitán.El grupo fue invitado por la aerolínea LAN, que este año celebra 10 años del programa de responsabilidad social "Todos podemos volar", que promueve el primer viaje en avión de niños de entre 10 y 12 años. Ya han viajado 2.200 estudiantes y unos 250 docentes."La intención es ampliar el horizonte de estos chicos, generarles oportunidades de experimentar un viaje en avión, de conocer otra ciudad, de aprender a través de las vivencias", plantea la directora. Y agrega: "Queremos formar ciudadanos participativos; necesitamos que vean qué hay más allá del barrio". La primera vez A las 7.45 de la mañana del jueves, la expectativa era enorme en la sala de embarque del Aeropuerto de Córdoba. Salvo una niña, el resto de los chicos nunca había subido a un avión. Natalí se lo imaginaba como un "camión grande", lleno de asientos. Rocío, como un auto gigante volando. Ludmila estaba feliz, ansiosa, nerviosa. Todo junto. Las chicas casi no durmieron la noche anterior.Benjamín se había levantado a las 5 y no veía la hora de conocer la cancha de River, la visita agendada en Buenos Aires. "Soy el primero de la familia que viaja en avión", contó.Uriel también estaba nervioso e insistía, medio en serio y medio en broma, que temía que la nave se cayera.El avión despegó puntual. Lucas seguía mirando por la ventana y veía cómo las casas se convertían en miniaturas. Uriel acotaba que la sombra del avión los perseguía y todos miraban las hélices, las alas, las lamparitas, los televisores y los cinturones de seguridad.El mundo nuevo se reflejaba en caras sorprendidas y en risas. Muchas risas. "Vamos más altos que las nubes", gritó Yuthiel. Y atrás se escuchó: "Siento cosquillas en la panza". El Monumental Ya en tierra, todos esperaban ansiosos –los de River y los de Boca– la llegada al Monumental, en el barrio de Núñez. Después del almuerzo, y en pantalla de 360 grados, conocieran la historia del centenario club. Luego visitaron los vestuarios para luego entrar a la cancha. "Uh…", dijo Javier. "¡Uuuuh…!, dijeron los demás. Las palabras no alcanzaban. Ya adentro, pasearon por la galería de las copas, de las camisetas, de los botines, de los videos. Y por el túnel del tiempo que arranca desde que el club se fundó en 1901 hasta hoy."No me lo voy a olvidar nunca de este viaje", apuntó Braian, después de la merienda. A esa hora ya todos habían olvidado el miedo. Había sido un día distinto, para la historia. Para su historia personal.

Experiencia inolvidable

“Ahí entra el equipo de Sacchi al Monumental a jugar contra River Plate”, bromearon los chicos antes de ingresar a la cancha.

Puntos de vista

Uriel Torres (alumno). "Tengo miedo a las alturas, pero lo vencí. Todo se ve tan chiquito desde arriba…".

Brian Castro (alumno). "Me gustó el aterrizaje, es una sensación rara que te baja en la panza".

Natalí Sánchez (alumna). "Me gustaron el Museo de River y la cancha. El avión me asustó cuando subía".

Gabriel C. Nores (directora). "La experiencia permite ampliar los horizontes; es una vivencia inolvidable".