Las comunidades protegen mejor que un policía
La profesora que lloró el día en que se encontró cara a cara con la pobreza y la inseguridad en la puerta de la escuela en la que había conseguido unas horas de clase no olvidará jamás la primera vez que ingresó a un asentamiento precario, escoltada por un policía.
La joven profesora que lloró con amargura el día en que se encontró cara a cara con la pobreza y la inseguridad en la puerta de la escuela en la que había conseguido unas horas de clase no olvidará jamás la primera vez que ingresó a un asentamiento precario, escoltada por un policía. Nunca había imaginado que la vida era tan frágil en los extramuros de la ciudad. Fue un baño de realidad, un shock y una evidencia de que la seguridad ciudadana es precaria, vulnerable y mucho más que una sensación.La presencia de policías en las escuelas intenta llevar tranquilidad a la población y responder a una demanda real. Es, además, una muestra de que las políticas para controlar el delito y la violencia no son del todo eficaces.Pese a que muchos docentes son víctimas de arrebatos o asaltos en la periferia (aunque no más que en otros sitios de la ciudad), es interesante saber que las mismas comunidades educativas, cuando han creado vínculos de confianza, protegen a sus maestros más que los uniformados.Se trata de acuerdos tácitos entre las familias, que saben que sus hijos reciben en la escuela más que en sus propios hogares, y los maestros que eligen enseñar en contextos hostiles, donde, al fin, se sienten útiles y apreciados.Al miedo inicial de llegar a una escuela en un asentamiento marginal, le sigue el cariño, la seguridad de que todo está por hacerse y la certeza de que la educación puede marcar una diferencia. Construir relaciones Una directora de escuela de zona marginal asegura que es indispensable construir buenas relaciones. Por eso foguea a las maestras noveles llevándolas a conocer a las familias de los alumnos, porque considera que sólo así pueden comprender por qué un niño se comporta como lo hace. Un alumno que no puede permanecer quieto en el aula es, quizá, aquel que vive en una casa sin sillas, hacinado en una habitación. El docente lo sabe de manera fehaciente cuando lo ve. Sólo si conoce y aprecia el contexto, es posible que la realidad no lo abofetee tan fuerte.Haya o no policías en la puerta, cuando una escuela pasa a ser una referencia para la comunidad, se transforma en segura, en un sitio casi sagrado donde nacen las oportunidades o, al menos, la esperanza.

