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La violencia urbana golpea en la ciudad

Los registros del Hospital de Urgencias muestran datos significativos de una realidad que es cada vez más complicada. Los cálculos permiten inferir que, al menos, la cifra anual de heridos por este tipo de sucesos será similar a la de 2012.

21 de julio de 2013 a las 02:45 p. m.
Juan Federico- Miguel Durán
La violencia urbana golpea en la ciudad

Hace dos semanas, Cristian Monti (16), el arquero de la 5ª división del club Juvenil de Barrio Comercial, quedó atado a su vida en una cama del Hospital Córdoba, en coma farmacológico y tras salir de dos paros cardiorrespiratorios. Cuando finalizaba el partido contra el local Libertad, en barrio Chacras de la Merced, discutió con un delantero rival, antes de sufrir una brutal golpiza. Trompadas y patadas en la cabeza. Hoy, continúa internado en muy grave estado, y tres de los agresores, de su edad, están alojados en el Complejo Esperanza por directivas del Juzgado de Menores de 4ª Nominación (ver Infografía).

El episodio lejos está de ser una excepción en la ciudad de Córdoba. Tampoco se trató de un caso enmarcado en la brutalidad que, de manera usual, rodea al fútbol profesional en el país, con barrabravas dispuestos a todo para repartirse dineros cada vez más cuantiosos.

La agresión que sufrió Monti se trató de un nuevo caso de violencia urbana. De esta manera se denomina a los casos de golpeados, baleados y apuñalados en los que la víctima y su victimario tenían una relación de conocimiento previo. Peleas en un barrio por el control territorial. Disputa entre bandas de adolescentes para demostrar virilidad. Trompadas a la salida de un boliche o de un baile entre grupos antagónicos que ya se han desafiado antes. Una mirada considerada de más. Una venganza por celos.

El domingo 7 de este mes, un informe de La Voz del Interior reveló –sobre la base de un registro propio contrastado con datos del Ministerio de Seguridad y de la Policía de Córdoba– que el primer semestre de este año había sido el que más homicidios contabiliza desde 2009, con 81 víctimas fatales en toda la provincia.

De estos crímenes, 43 ocurrieron en la ciudad de Córdoba. Y más de la mitad de los que sucedieron en la Capital (22 casos) fueron enmarcados como violencia urbana, que hoy mata mucho más que la inseguridad (11 víctimas, entre ellas 6 supuestos delincuentes).

La gran mayoría de los asesinatos tuvo como escenario un barrio de clase media-baja y baja, desparramados al sur y al norte de ciudad. Allí, son jóvenes los que matan y mueren. Se disputan el territorio en una suerte de gesto simbólico por encontrar un lugar de pertenencia, en una sociedad mucho mayor, que parece no incluirlos.

Los perseguidos. "Hoy, los jóvenes dicen que saben que no van a vivir mucho, la persecución policial no los desalienta, 'si robo o no, no importa, porque me persiguen igual', aseguran", supo decir a este diario la antropóloga social Natalia Bermúdez (investigadora del Conicet), quien desde hace años recorre los barrios de la capital provincial.

“El morir siendo joven –describió la especialista– atraviesa por una etapa de progresiva normalización, en la cual interviene un conjunto múltiple de procesos, entre los que se encuentran la escasez de recursos materiales y sociales, la criminalización, represión policial abusiva, encarcelamiento, facilidad para conseguir armas y conflictos entre grupos locales”.

Detrás de esta violencia extrema, con víctimas fatales, existe una estadística que demuestra cómo está extendida la agresión en los barrios de Córdoba.

En el primer semestre de este año, casi nueve personas por día, en promedio, ingresaron en la guardia del Hospital de Urgencias con heridas de armas de fuego, apuñaladas o golpeadas en la vía pública. Víctimas de todas las clases sociales.

Según los números relevados por el equipo de Auditoría Médica del hospital –conformado por el médico Javier Salvi y las secretarias María Rosa Nievas, Fany Vega y Luciana Martini–, del 1º de enero al 30 de junio se atendió a 246 baleados y 181 personas apuñaladas. Además, hubo otros 1.186 pacientes que llegaron con politraumatismos a raíz de agresiones callejeras. Aunque esta última cifra incluye también a aquellos que sufrieron golpes en intentos de robo (por lo general, arrebatos), la mayoría había participado en una riña.

Estas 1.613 personas representan la segunda causa de ingreso por emergencias en el hospital, el principal centro de urgencias médicas de la provincia, cuya estadística es un termómetro de la realidad social de los cordobeses. Los motociclistas heridos figuran, lejos, a la cabeza de este ranking, mientras que los lesionados en choques de autos completan este podio indeseado.

Aunque se trata de la primera mitad del año, la cifra ya permite vislumbrar que, si nada cambia, la cantidad de heridos será similar a la de los últimos años. En 2012, hubo 520 baleados (409 en 2011), mientras que el año pasado se anotaron 2.571 golpeados en episodios de violencia callejera (2.208 en 2011).

Pese a que no existe una estadística formal sobre la incidencia de la droga en estos casos, ya que por ley no es posible realizar dosajes compulsivos, desde el hospital hace tiempo que reiteran que detrás de estos casos aparece, por lo general, el consumo de alguna sustancia tóxica.

Entre los que no pueden recordar bien qué fue lo que sucedió cuando recibieron la agresión y aquellos que prefieren mentir el real origen de la disputa (a raíz de que tienen algo que esconder o porque prefieren solucionar el asunto luego por su cuenta, lejos de la Policía y la Justicia), el verdadero motivo de tanta violencia pocas veces figura en los análisis criminológicos oficiales. De todos modos, resaltan los especialistas, sus causas y soluciones lejos están de ser un asunto que competa sólo a las fuerzas de seguridad.

Promedio que duele. En los primeros seis meses del año, ingresaron, en promedio, casi nueve personas al Hospital de Urgencias con heridas de armas de fuego, apuñaladas o con lesiones por golpes.

La gran mayoría de los asesinatos tuvo como escenario un barrio de clase media-baja y baja

Las causas y soluciones para este fenómeno exceden a las fuerzas de seguridad.

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