“La sociedad ya no tolera la violencia de género”
El psiquiatra español asegura que la violencia se puede prevenir y que los mecanismos de control del Estado no son suficientes. Plantea que la violencia psicológica es devastadora.
Juan Luis Linares asegura que “sin amor, no somos humanos” y que si se pierde el vínculo amoroso, se pierde la condición humana. Lo dice cuando habla sobre la soledad que atraviesan algunos niños y adolescentes y sobre el modo violento de relacionarnos.
Linares es español, psiquiatra, psicólogo y terapeuta familiar sistémico, con una larga trayectoria en atención de casos de violencia y abuso en el hospital San Pablo de Barcelona, de donde se jubiló, pero en el que sigue realizando tareas docentes y académicas.
Invitado por la Fundación Instituto Universitario en Ciencias de los Sistemas Humanos (Fundaif) para dar un seminario sobre Psicopatología para terapeutas de familia, Linares habló con La Voz.
–Usted trata casos de violencia de género, ¿cómo se llega a la violencia y por qué se produce? ¿Hay más casos que antes?
–Se produce por diversas cuestiones del bloqueo del amor, de las relaciones amorosas. No creo que pase más que antes. Creo que antes era peor, en todos los niveles. Antes la sociedad era mucho más violenta y también en las familias. En el patriarcado no se cuestionaba que la autoridad paterna fuera de horca y cuchillo, como señores feudales. Todo eso ha cambiado y ahora la violencia es un residuo que constituye un problema importantísimo. Yo no firmaría la respuesta de que va en aumento. No, yo creo que va en franco retroceso; lo que pasa es que la sociedad ya no la tolera.
–Además, ahora los casos se conocen más…
–Evidente. Podemos hablar de las mujeres muertas o de la violencia parento filial, la violencia de género o, ahora, de un tercer frente que es la filio parental, que quizá sea más novedosa. También la hubo siempre, pero esa sí ha ido en aumento. Los medios permiten que se sigan los casos, se conozca de manera estadística. Ese es un mecanismo de control: que se sepa es una condición necesaria para que se pueda controlar. Aparte de eso, otra cosa distinta es que se estén desarrollando los mecanismos adecuados para resolver esos problemas. Yo creo que no, puedo hablar de España, no de Argentina, pero intuyo que tampoco se hace lo que se debería de hacer.
–¿Habla de los mecanismos que se impulsan desde el Estado?
–Desde el Estado, desde los recursos públicos. En España se ha apostado claramente por el control. El control es necesario, pero si no va acompañado de una sensibilidad terapéutica, fracasa. Desgraciadamente en España, desde que se promulgó la Ley Integral contra la Violencia Doméstica, contra la violencia de género, ha aumentado el número de mujeres muertas. Es un dato para reflexionar, porque de integral no tiene nada. Se basa casi exclusivamente en el control e ignora todo el componente terapéutico. Desgraciadamente, hay una opinión política generalizada que no sólo ignora sino rechaza la terapia y eso es terrible.
–¿Qué tipo de terapia?
–La terapia de pareja. Hay una opinión, que es feminismo radical, que dice tajantemente no a la terapia de pareja en violencia de género. He tenido que polemizar con esa opinión públicamente porque es un deber ciudadano. Siempre digo que no estamos hablando de cuando la mujer está con un cuchillo en la calle y desangrándose, porque entonces no hay terapia de pareja posible. Es que el problema ha empezado 15 o 20 años atrás, y entonces es cuando tenía sentido la terapia de pareja, cuando empiezan los primeros indicios de violencia en una relación.
–¿Cuáles suelen ser los primeros indicios?
–Problemas de incidencia menor. Ahí es cuando tendría que haber sensores sociales que lleven a la terapia, antes de que sea demasiado tarde.
–Y la terapia funciona…
–Claro que funciona. Cuando el cuchillo ya está, no. Entonces hay que llevarla al hospital a ella y a la cárcel, a él. Pero cuando empieza con cosas menores, tendría que haber sensores sociales. Los hay pero sólo hay que ponerlos a punto. Hace 30 años, en Europa se produjo la gran epidemia de drogodependencia de heroína, fue un fenómeno casi como la peste en la Edad Media y se puso a punto una red paralela a los dispositivos de salud mental, toda una red de contención a los drogodependientes en casi todos los países de Europa (...), lo digo como un ejemplo de algo que es perfectamente posible, crear dispositivos específicos dentro o fuera de la red de salud mental, que creo que en la violencia de género puede ser afuera (...) Se puede hacer con pocos recursos.
–¿Con qué abordaje?
–Con un abordaje integrado y complejo, donde el hilo conductor o el núcleo central, sea la terapia de pareja. Es de sentido común. La violencia es un problema relacional, hay quien la ejerce y quien la sufre, pero no la sufre pasivamente. No es sólo un sufrimiento pasivo, la persona que sufre violencia es un actor del juego de la violencia también. La manera como se comporte tiene una influencia en lo que ocurra con la violencia. Eso es algo abordable terapéuticamente, con tranquilidad, cuando no es una situación desesperada de vida o muerte. Cuando empieza a aparecer, se resuelven los casos muy bien.
Un fenómeno destructivo
–¿Un niño que sufre maltrato o es testigo de violencia en su familia, puede repetir esa conducta?
–Por supuesto, la cadena de la violencia es así. Quien la ha sufrido en determinadas circunstancias puede repetirla. Es evidente que la violencia física es una lacra y un fenómeno destructivo tanto para quien la sufre directamente como para quien la ejerce porque quien la ejerce también se envilece y se destruye de alguna manera. Como para quien la sufre indirectamente (...) La violencia física es un emergente de algo más amplio y más insidioso –y que es lo auténticamente destructivo– que es la violencia psicológica, la violencia relacional. Al contrario de lo que habitualmente se nos dice. Habitualmente el discurso social más general es que el problema es la violencia física y que, luego, la violencia psicológica es un apéndice menor. Pero la violencia psicológica es el verdadero problema (...) Por eso la terapia de pareja y familiar tienen pleno sentido no sólo terapéutico, sino preventivo.
–Cuando se detectan estas relaciones violentas, ¿cómo se desarman esas estructuras?
–Hay que cambiar la relación, hay que cambiar la manera en que esas personas se están relacionando (...) En el fondo es un problema relacional. La mujer que no quiere y que no se deja maltratar, no es maltratada. Parece una barbaridad, pero no lo es. La mujer que ante los primeros indicativos de maltrato dice: “Cómo, ¿tú me vas a pegar?”, no se maltrata. Son actores de un juego y la persona que asume el papel de víctima no hay duda de que se convierte en una víctima perfecta. Todo eso se puede abordar y modificar cambiando esa relación, no poniéndole un chip al maltratador que inhiba el centro de la violencia, eso es una soberana tontería.
–Pero también hay personas que se relacionan de manera violenta desde siempre y no perciben que exista un problema…
–Claro, por eso tiene que haber un rol activo de la sociedad para concientizar.

