La mitad de las familias dice que no
Los datos son contundentes. En Córdoba, el año pasado, la negativa a la donación de órganos en casos concretos de potenciales donantes fue del 56 por ciento, de acuerdo con datos del Ecodaic. Marcela Fernández.
Esto significa, ni más ni menos, que más de la mitad de las familias a las que se les pidió que su familiar fallecido en condiciones de ser donante efectivamente lo fuera, dijeron que no.
A nivel nacional, a su vez, el porcentaje de negativa a la donación también fue alto. Según datos del Incucai, hasta mediados de 2012, el 46 por ciento de las 1.011 entrevistas realizadas (463) tuvo un no como respuesta.
Las razones se centran, según señalan profesionales del área, en la dificultad que implica pedir y aceptar la donación en una circunstancia tan dolorosa como lo es el momento de la muerte de un ser querido. Y es absolutamente comprensible (Ver infografía).
El problema es que esta situación tiene como consecuencia que haya muchos menos donantes y que, por lo tanto, se puedan concretar muchos menos trasplantes de órganos y menos seres humanos puedan seguir viviendo.
Porque no son muchas las personas que fallecen en condiciones de ser donantes (muerte cerebral en terapia intensiva). Sólo serían cinco de cada mil muertes, según algunas estadísticas. Y por esa razón es tan vital que no se pierdan.
En Córdoba se realizaron en 2012 un total de 152 trasplantes de órganos a partir de 45 donantes reales. Que seguramente podían haber sido el doble, o en cualquier caso muchísimos más, si no hubiera mediado la negativa a la donación. En ese contexto es importante tener en cuenta que desde enero de 2006 está vigente en la Argentina la ley 26.066, del donante presunto.
La norma es modificatoria de la ley nacional de trasplantes N° 24.193, y otorga a todos los argentinos mayores de 18 años el derecho a decidir sobre el destino de sus órganos después de la muerte.
Permite dejar asentada tanto la voluntad de donar los órganos, como la negativa. Pero también dispone que si no hay una manifestación expresa, se presume que la persona es donante de órganos.
Por esa razón, se indicó en el Incucai, antes se consideraba que los familiares tenían la última palabra y por eso se les pedía la donación de órganos del ser querido fallecido.
Ahora, en cambio, se les solicita que manifiesten cuál era la voluntad de la persona.
Por eso, enfatizan desde los organismos de procuración, es esencial que cada uno haga saber su decisión a la familia en forma fehaciente. Porque muchas veces el dolor nubla la decisión e impide que la muerte pueda posibilitar una nueva vida.

